Archivos de la categoría Cultura

Como un tesoro…(opinión)

José Antonio Luna / Tauropasión

Lunes 27 de marzo de 2017.- Voy a ganarme una bronca con los del gremio, pero vale la pena. Indigna lo que la mayoría de los críticos taurinos de cierto renombre han hecho con la comparecencia de Piedras Negras en la Plaza México. Unos, pretendieron librarla sin comprometerse y callaron, en cambio, los otros, la emprendieron con un revisionismo que nunca han ejercido para juzgar al resto de los encierros. La tarde de los “piedrenegrinos” tuvo una enorme riqueza, empezando porque la afición, ávida de toros bravos, aplaudió en cuanto el monosabio del anuncio giró mostrando el nombre del mítico hierro.

Fueron seis cárdenos preciosos y de gran categoría. Toros que poseyeron en común, además de su bravura, la movilidad que tanta falta hace para emocionar y por tanto, devolver a los diletantes que se han ido de la grada aburridos hasta la médula de faenas intrascendentes. La media docena tuvo las hechuras clásicas de su encaste, por cierto muy finas. Todos entipados, y ya se sabe, el toro en tipo es una garantía para el torero y para el público.

Quienes, como el que firma este artículo, fuimos adentrados en el culto a la casta, a la bravura y a la belleza del verdadero toro, no podemos dejar de sentirnos ofendidos ante el silencio, los comentarios malintencionados, las aseveraciones ligeras y mucho más, ante la calumnia editada. Se los aseguro, cinco de los toros de Piedras Negras salieron bravos y requirieron de un esfuerzo extra por parte de su matador. Dos de ellos fueron de nota muy alta y propiciaron la estética con hondura. Por decir algo, no sé si los naturales de Antonio Romero han sido los más bellos de toda la temporada grande, lo que sí puedo afirmar es que son los más valiosos, porque estuvieron fincados en la verdad del toreo.

Tampoco es que se haya tenido que pagar una cuota de sangre. A nadie con tantito humanismo le gusta que hieran a un torero. Lo que pasa, es que ya se nos había olvidado que los toros de verdad pegan cornadas.

Por otra parte, es cierto, ninguno de los matadores estuvo a la altura del encierro. Es más, una vez muerto el quinto toro, se escuchó un grito a coro de una porra: “¡Ganadero.. cinco a cero!”, para señalar que el poder de los toros tlaxcaltecas tuvo supremacía sobre sus lidiadores. Evidentemente, pero, es de justicia decir que si en esta temporada ha habido un festejo en el que los coletas han acometido una hazaña, fue este. Si los maestros del toreo tuvieran un poco de vergüenza, se anotarían a un cartel con toros interesantes como estos.

¿Por qué la crítica se ensañó hasta llegar a la calumnia?. Cuando leo, escucho o veo las opiniones de algunos colegas, mi instinto de lobo que campa en solitario hace que me goteé el colmillo, hay gaznates que piden a gritos una tarascada. Nos quieren aguar la fiesta, pero no podrán. Con el gran gusto que deja una corrida seria, los que amamos la verdad de la fiesta llevamos en la memoria a los seis “piedrenegrinos”, incluido el sexto, porque, un manso en el encierro certifica la pureza de la raza.

Soy de los que pidieron al criador Marco Antonio González que diera la vuelta al ruedo, no como un reconocimiento al linaje y a la tradición de una de las cuatro casas fundadoras, sino porque pienso que lo merecía por su brava torada, que desde los primeros galopes brindó un espectáculo casi olvidado y que durante cada lidia nos devolvió la verdadera emoción del arte de Cúchares.

Así que, me planto. Digan lo que digan, la corrida de la corbata en la badana ha sido la más brava e interesante del serial. Lo aseguro por convicción y porque es cierto. Se los dice alguien que en el noble ejercicio de defender la verdad, ha tenido que soportar hasta que pobres diablos lo llamen “chalado”. Es que cuando a algunos se les pone el dedo en la supurante llaga de su indecencia, espetan lo de “chalado” como un analgésico que creen, aminorará su sufrimiento.

¿Quién habrá organizado la campaña del descrédito?, ¿los diestros que aman la dulzura y suavidad de los macarrones?, ¿los ganaderos que crían la macarronada?, ¿la empresa que no quiere exigencias de bravura?, ¿los amos del mundo que sueñan con partirle la madre a la Plaza México de una vez por todas? Igual, todos juntos. Son los golpes bajos, no importa. Para quienes amamos la emoción del toreo, siempre nos quedara Piedras Negras y su sangre regada en los hatos hijos de su casta, como un tesoro.

Un camino empedrado de pretextos…(Opinión)

Autor: José Antonio Luna (Colaboración)

Sábado 18 de marzo de 2017.- Le retiré el documento con la rapidez de un toro que en un derrote arranca la muleta a su matador. Examen parcial. Materia, Pensamiento crítico. Segunda pregunta: “Detalla cómo se construye la verdad”. Sobre el pupitre quedó la evidencia como una mancha de adobo en el vestido de una novia. Era un “acordeón” gigante o como dice el de la cadena gringa expendedora de hamburguesas: “tamaño mega doble, amigo”. En el papel estaban escritos y muy bien comprimidos todos los apuntes de lo que va del curso. Por su parte, en la hoja de examen, la respuesta número dos contundente y precisa lucía radiante: “La verdad se construye siendo honesto, congruente y diciéndola siempre, aún en perjuicio del que la expresa”.

Una vez desarmado de la sarga el estudiante, con los resabios adquiridos durante tanto corraleo, le tiré un derrote certero. El parte médico lo paso a ustedes ahorrándome los detalles: Cornada en el escroto de tres trayectorias, el diestro tardará en sanar lo que resta del curso.

Desde luego, al final del examen el muchacho se acercó a pedir disculpas y a poner más pretextos que una hija soltera embarazada. “¡Profe, se lo juro, sólo lo vi para acordarme de una palabra!”. Un día escribiré dos catálogos de excusas. El primero, se referirá a las que largan los estudiantes y el otro, al que enumeran los toreros cuando los interpela el que los entrevista.

Al educando sorprendido con las manos en la masa le gustaría tener la labia de muchos coletas, por ejemplo: “Le he tragado al toro, pero la gente ni se ha enterado”. Este argumento es muy socorrido cuando se torea con la punta de la muleta, la pierna de salida se pone un paso atrás y ¡claro!, así no se emociona nadie. Además, se puede complementar con una segunda explicación con más cinismo que la declaración de un político: “El toro no me ha dado la mínima opción, casi me he montado encima y la gente na’a”.

Una ocasión, en una pueblo perdido cuando el torerillo llegó a las trancas a dejar los avíos negándose a matar al marrajo descomunal que tenía enfrente, escuché que le decía a sus amigos uno de los argumentos más definitivos y conmovedores: “Yo, ni lo mató ni me le acerco, ¡en su mirada he visto cómo me coge y me zarandea!.” A ver, quién le exige a un maletilla al que el futuro se le ha develado en los ojos de un toro, que haga caso omiso y vaya, y encaje el pecho en un pitón. Sería no tener conmiseración ni entrañas.

Sin embargo, la Academia de la tauromaquia le ha otorgado la estatuilla de los pretextos a un torero mexicano que argumentó que no podía torear porque veía doble, “The Oscar goes to… Silverio Pérez”, cuando en España vio la temporada que hacían Arruza y Manolete con encierros preciosos, mientras a él, su apoderado le había conseguido corridas para matar toros viejos y destartalados. Mejor, se regresó a México diciendo que estaba enfermo de la vista y que veía las imágenes duplicadas. Lo que dio pie a que, en una recepción, cuando el mesero ofreció el último bocadillo, Cantinflas le dijera al diestro: “Compadre, yo tomó este y usted que ve doble, cómase el otro”.

Además, nunca se sabrá la verdad en la controversia generada cuando el mismo espada no pudo o no quiso debutar en Madrid, porque se cortó la mano y un médico lo declaró incapacitado por un tiempo para torear. No faltó crítico que dijera que se había lastimado a propósito.

Sobran los motivos para excusarse por haber hecho o dejado de hacer algo, sólo hace falta imaginación. Por cierto, se llama “acordeón” porque el papel, para que el profesor no lo vea, es doblado como el fuelle de ese instrumento musical. Por eso, en los exámenes nunca desparramo la vista y me toco con el menor movimiento. Estoy muy toreado por el derecho y por el izquierdo.

 

Retablos y baldaquinos…(Opinión)

Autor: José Antonio Luna (Colaboración especial)

Domingo 19 de febrero de 2017.- Esta bella fiesta es como los chocolates, aseguras que te comerás sólo uno y de manera inevitable, acabas por estirar el brazo veinte veces seguidas. En el mundo del toreo se tejen entramados que uno ni se imagina. Relaciones, vínculos, amistades, que van trenzados a corridas, ganaderías, recuerdos de faenas gloriosas, escenas, libros, congresos, cuadros, música, esculturas, gente… Hay tanto por saber y da tanto de que hablar, que a veces pienso -es sólo una suposición que me hago gracias a la riqueza de la tauromaquia- que lo de José María de Cossío fue algo como tener la intención de escribir sobre un tema taurino, por ejemplo, la relación entre las artes y el toro y acabó publicando toda una enciclopedia monumental. De ese grueso va la hebra.

A Araceli Guillaume Alonso la conocí en Tlaxcala hace algunos años –creo que cinco- cuando lo del coloquio internacional La fiesta de los toros, un patrimonio inmaterial compartido. Allá, nació una amistad -que abraza a su esposo y a mi familia- perdurando al paso del tiempo y teniendo un océano de por medio.

La tarde era clara y tibia, olorosa a jazmín español, a hierbabuena y a buganvilia, tuvo el encanto que da volver a ver a los amigos. La charla, obvio, se cuajó de toros, toreros, libros. Desde la reciente despedida de Zotoluco y las últimas faenas de Ponce, hasta la tarde milenaria en que Teseo le metió media estocada en todo lo alto al Minotauro y lo hizo rodar sin puntilla, pasando desde luego, por el toro nupcial, los alanceadores medievales y claro -cómo no, si estamos en México- por los juegos de cañas y las corridas mencionadas por los escritores de la conquista, Bernal Díaz del Castillo y Alvar Núñez Cabeza de Vaca al cante. También, hubo escapadas colaterales, por una parte, a las faenas de Rafaelillo a “Injuriado” de Miura y al toro de Victorino Martín bautizado como “Cobradiezmos”, a cargo de Manuel Escribano. Y por la otra, a las magnificencias atiborradas de adornos de la Capilla del Rosario y al barroco andaluz de las iglesias poblanas.

Araceli Guillaume es doctora en Filología Hispánica y profesora titular en la Universidad de París IV-Sorbonne, de la cátedra Civilización y Literatura Hispánica y ahora, la Real Maestranza de Caballería de Sevilla la ha designado como pregonera del serial taurino de este año. La lectura de su texto que será muy hondo y hermoso –estoy seguro de ello-, como es tradición, la hará en el teatro Lope de Vega el próximo dieciséis de abril, Domingo de Resurrección y será la segunda mujer que dice el Pregón sevillano, la primera fue Esperanza Aguirre, la que expresidente de la Comunidad de Madrid.

Se ha colado merecidamente a un cartel de lujo, me digo mientras la oigo hablar de toros, de literatura, de historia. El Pregón Taurino de Sevilla, lo han dicho entre otras personalidades nombradas como me vienen a la memoria: los novelistas Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Arturo Pérez Reverte; los escritores Andrés Amorós y Fernando Sánchez Dragó, el poeta Manuel Benítez Carrasco, los filósofos Fernando Savater y Francis Wolff; el dramaturgo Albert Boabdella, entre otros, en un catálogo de primer nivel que también abarca matadores, historiadores, ganaderos, periodistas, políticos, un lord, y más.

-¡Que bien se come en Puebla!. Dijo la doctora Guillaume.

Luego, se quedó en silencio y cuando creí que ya no diría nada, agregó:

-Un pueblo sin gastronomía y sin corridas de toros, es un pueblo de bárbaros.

Estuve de acuerdo sin cortapisas y me sentí muy orgulloso de mi ciudad angélica, de su cocina barroca, de sus tradiciones y de su arquitectura. Además, salí bien librado, hablando de retablos, baldaquinos, cúpulas, moles y pipianes, me libré de la alergia que me brota cuando tengo que dar la explicación del porqué en México no se lidian toros-toros.

 

La otra tarde…(Opinión)

Autor: José Antonio Luna (Colaboración especial)

Jueves 19 de enero de 2017.- La nube era un cúmulo enorme de cresta rosada. Paz dijo que seguramente helaría al amanecer. Ella, Mosi, Mar, Sabo y el que firma este texto, fuimos cómplices por habernos quedado para nosotros toda la belleza y grandiosidad de la tarde. El campo de colores de oro y matices en verde se ensanchaba hasta los montes del contorno, donde serpientes de luz recorrían un cielo encapotado. Cada minuto se desgranaba entre la melancolía dejada por un pasado espléndido y ya ido para siempre, sumada la ternura de una amistad entrañable y la cercanía de los toros bravos que pastaban a lo lejos con beatitud de monjes y haciendo concesión a las garzas que picoteaban junto a ellos.

Sabino comentó que su última corrida, la de Tlaxcala el día de Año Nuevo, salió encastada, que entre lo bueno y lo mejor hubo dos superiores. Se lo creo sin dudar un ápice. Me gustan estos cárdenos casi ensabanados. Me gustan en fenotipo y me encanta como se portan en la plaza. Son toros bravos y nobles, entendiendo que hay que poderles primero, para torearlos bonito después y eso, hace años, fue la esencia del toreo.

Siendo una veta enorme de bravura, Tenexac nunca ha ido con un encierro de toros a la plaza de Insurgentes. Novilladas de este hierro, sí se han lidiado allí y con éxito. Es que en este México bárbaro –John Kenneth Turner nunca se imaginó que su epíteto sería tan preciso- siempre pierden los buenos y ganan los malos. Aquí, la gente brillante se queda con un palmo de narices y los inferiores cruzan la puerta marchosos. En este país de mis cojones, la gente valiosa perpetuamente pincha en hueso y además, se lleva una cornada en los huevos.

En lo taurino tenemos harta guasa. Por ejemplo, dicen que en el campo no hay toros con trapío y los de Tenexac no van a la Plaza México. Por otro lado, Fermín Rivera, siendo el mejor torero nacional, se queda fuera de la parte prominente de la temporada grande, ocupando su lugar media docena de anodinos.

No sé si es madurez o tremenda decepción, pero cada domingo me gustan menos las corridas. Sin embargo, me estoy volviendo un gran adepto a particularidades. Soy entusiasta de los toros de Tenexac y algunas otras ganaderías, muy pocas, contadas con los dedos de una mano. Me enfervoriza el toreo de Paco Ureña, por supuesto, el de Fermín Rivera, y el quehacer de Luis Bolivar, Rafaelillo, Fernando Robleño y unos cuantos más. Ya no leo las crónicas ni los artículos de fondo, porque en casi todos hay un triunfalismo a ultranza, pero me gustan mucho las letras escritas por la trilogía de los Antonios: Burgos, Caballero y Lorca. Ahora, soy más devoto que nunca de la feria de San Isidro, aunque cruzo los dedos ante la llegada de los tiempos ligeros de Simón Casas. Me he resignado y acepto el consejo: dos corridas en Madrid valen lo que treinta en las plazas de nuestro territorio.

Hacerse mayor –si quieren pongan viejo- tiene enormes ventajas. Parece que te has amargado, si bien, lo que pasa es que te has vuelto más selectivo. Ya no estás dispuesto a perder el tiempo viendo lo que no quieres ver y oyendo a quien no quieres oír. A mí me gusta el toreo fascinante, puro, peligroso y cargado de arte, el que me hace sentir un profundo respeto por el torero que posee la osadía magnífica de realizarlo. Y eso, se puede alcanzar con toros de casta, poderosos y soberbios, tan bravos como los que nosotros, desde el poyo junto al portón de la casa en la hacienda de Tenexac, la otra tarde, veíamos pastar a lo lejos.

Un pasito…(Opinión)

 

José Antonio Luna (Colaboración Especial)

Sábado 05 de Noviembre de 2016.- Siempre me asombrae que paguen un dineral por los boletos para una corrida de toros y que se queden impasibles cuando a la arena saltan, uno tras otro, seis novillos seis. Que además, se aprecia a simple vista que a los pitacos les pasaron el serrucho. La afición es paciente. No hubo uno sólo espectador, por lo menos esa tarde, que despotricara tras la talega que pagó por su entrada. Se la comen con queso y sin soltar siquiera un improperio que raje en dos el viento de la tarde contagiando a otros para empezar la bronca.

Tengo una larga lista de cosas que, en los toros, la gente acepta con la mansedumbre de un santo varón. Por ejemplo, que por más chico que sea el novillín que abanto recorre la arena en paralelo a las tablas, la tibia rechifla del público que lo protesta, se calla en cuanto el diestro de turno -cobijadito en tablas- pega una larga cambiada al joven cornúpeta y de paso, a la borreguil clientela que ya embaucada troca los silbidos por aplausos.

Sin embargo, parece que a pesar del conformismo de los miembros del ovejuno rebaño y de su falta de voluntad para defender sus derechos, a algunos diestros les está cayendo el veinte y quieren subirse al carro de la honestidad que conduce a las ligas mayores. Lo digo por Sergio Flores que hace casi dos meses, para su encerrona eligió toros y no becerros, y por El Payo que el miércoles, en la primera corrida de la feria de Tlaxcala, se plantó firme, echó el pie de salida para adelante y toreó cómo se debe.

Fue en el tercero de la tarde, el único con apariencia de toro, un sardo de capa y veleto de cornamenta, justito. La faena de Octavio García fue de toreo verdad, por lo tanto, fue reconciliadora e interesante. Es que en vez de perder un paso con la pierna contraria del torero con respecto al sitio en el que arranca el toro, El Payo movía ese pie hacia adelante. Ahora, que vivimos tan a gusto con las cosas de imitación, falsas y provisionales, en el toreo está de moda echar la pierna de salida para atrás en lugar de hacerlo como se debe, o sea, al frente. Dicen los diestros del choro mareador que con la zapatilla atrás se alarga el muletazo, se despide el toro a la espalda y con ello, casi da una vuelta completa en torno al que torea. Retrasando la pierna de salida, aseguran ufanos, se da más dimensión al muletazo. Sí, y también más coba, más pedrería de plástico y más rollo sandunguero. Esa es la razón por la que, al final de la serie, tienen que rematar con un cambiado por la espalda.

Con lo hecho, El Payo demostró torería y no “pegapasismo”. Al contrario a lo que hacen los demás, se esforzaba por quedar colocado. No perdía el pasito y se aplicaba en muletear según las reglas de la tauromaquia, que son como las mujeres feas, es decir, no hay quien las siga. La diferencia entre el toreo verdad y el toreo ventajista es más grande que un océano. La cosa adquirió tintes de seriedad –hay que decirlo, en medio de una parodia- tanto que los espectadores seguían la lidia atentos y respetuosos sin pedir música y sin gritar memeces. Es que cuando se da el toreo auténtico, el público intuye el riesgo y percibe el dominio que está ejerciendo el espada.

El resto de la corrida fue la cara opuesta. Gerardo Rivera que recibió la alternativa y Joselito Adame que se la otorgó, dado que torean mucho en España, vinieron a hacer la América. El colmo se dio en el segundo de Adame, un animal corniausente y con lo que le dejaron de madera hecha cisco. Los restos de cuernos fueron inaceptables para un público que ya había aguantado demasiado. Además, el de Aguascalientes mató de sendos golletazos, por demás, infames.  La corrida de Montecristo tuvo apariencia de novillada, además, salió sin casta y con la debilidad de un convicto en un internado para señoritas.

Si El Payo continúa en su empeño de ganar un paso con la pierna que debe ir adelante, los que vayan al tendido cambiarán el jolgorio por el aprecio de la profundidad, comprendiendo que las cosas sólo adquieren importancia cuando pasan por el tamiz de la verdad. Ese es el camino a la auténtica gloria.

“EL MALETILLA”…

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda (Colaboración Especial)

Sábado 27 de Agosto de 2016.- “Es Cristóbal y es Arenas, hay tauromaquia en sus venas.”

Bendecido por la Virgen, orgulloso de su origen, taurómaco, muy taurino, nació fiel a su destino.

En la cuna, el alma inquieta, pañal, tela de muleta, capote, sarape, manto, mientras crece, entre tanto.

Es alumno de la Escuela Hidalguense, que cincela, “Jorge Gutiérrez”, llamada, de enseñanza, bien forjada.

Con becerros, tentadero, se prepara con esmero, descubriendo el arte fino, el niño, diestro genuino.

Es Cristóbal y es Arenas, ya lleva varias faenas, le dicen “El Maletilla”, jovencito maravilla.

Intactos están sus sueños, pone todos los empeños, pa’ que se hagan realidad, no obstante tan corta edad.

Temple, valentía, dechado, Carlos Campos lo ha apoyado, aspira a ser novillero, su toreo es verdadero.

“Cinco Villas”, gran cortijo, le brinda un buen cobijo, tiene madera, futuro, éxito tendrá . . . seguro.

Corrida de “Huamantlada” en la mirada de…

 

Redacción / Tauropasión

Fotos: Mady Chantes

Lunes 22 de Agosto de 2016.-  Mady Chantes, una joven fotógrafa y aficionada a la fiesta de los toros, nos comparte esta serie de imágenes tomadas durante la tercera corrida de feria, la de Huamantlada, celebrada el pasado 22 de este mes en la Plaza La Taurina, Fernando de los Reyes “El Callo” en la que alternaron, el rejoneador Jorge Hernández Garate, Los Forcados Teziutecos y a pie Federico Pizarro y Arturo Saldivar. Abrieron festejo los recortadores españoles.

Cierran ciclo de tertulias y conferencias en Huamantla

  • Presentan el libro “Tauromaquia, Arte, Pasión y Cultura” de Sa-andy Bretón

JG / Tauro Pasión

Foto: Itdt

Viernes 19 de Agosto de 2016.- Con la presentación del libro “Tauromaquia, Arte, Pasión y Cultura” de la autoría de Sara Andrea Bretón (Sa-andy Bretón), se concluyeron las actividades del sexto serial de tertulias y conferencias taurinas organizadas en el marco de la Feria de Huamantla, por el Gobierno del Estado a través del Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino.

Sa-andy Bretón, señaló en el evento que se llevó a cabo en la sala fundadores, que esta edición impresa que fue ampliada a la presentada hace cuatro años en forma digital, es una recopilación de investigaciones de la fiesta de los toros, desde ganaderías, corridas, entre otros festejos.

Agradeció primero al presentar esta edición ahora impresa al Gobernador del estado de Tlaxcala Mariano González Zarur, por la promoción de la fiesta brava en Tlaxcala que ha dado durante estos seis años de su administración.

De la misma manera, dijo que el impulso del Director del Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino, Luis Mariano Andalco, también ha sido importante en la difusión de la cultura taurina y por apoyar a las nuevas generaciones de toreros y de taurinos como ella.

También hizo lo propio con Miguel Corona Sánchez y el escultor de Huamantla Luis Manuel Flores Padilla por el acompañamiento y apoyo para las investigaciones que se dan a conocer en este libro.

La presentadora del libro fue la socióloga Maricarmen Chávez Rivadeneyra, quien reconoció el trabajo y afición de esta joven huamantleca que tuvo su acercamiento a los toros en Oaxaca al estudiar la preparatoria e ir a una corrida en una zona que es eminentemente antitaurina y presentar un trabajo escolar con el título del libro, lo que sorprendió a sus maestros y compañeros de clases.

Modero el evento, el estudiante de comunicación del Centro de Educación a Distancia de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), Oswaldo López Sánchez.

Asediados por su mediocridad (Opinión)

José Antonio Luna (Colaboración)

Domingo 14 de Agosto de 2016.- Es difícil escribir de toros en un país en donde no se dan corridas de toros, sino de becerros, erales y en las fechas postineras, de utreros. Aunque, ¡claro!, si uno consulta los portales taurinos, en especial los lunes, observará a una gran parte de la nómina de matadores nacionales cabalgando sobre los hombros de tontos -voluntarios o contratados exprofeso- para llevarlos hasta la salida de la plaza, mientras los diestros, muy ufanos y en plan Paco Camino saliendo por la puerta grande de Las Ventas, van saludando al respetable –este último vocablo es un mero formulismo, porque al público mexicano no lo respeta ni su madre- que los ovaciona y celebra el número de trofeos peludos que aumentan su júbilo por el corridón de toros dosañeros –no sé si captan el sarcasmo- que han visto, y a la vez que aplauden a la figura, preguntan a sus acompañantes el clásico “de aquí a dónde”, a festejar la gloria de faenas que han tenido la suerte de testificar. Somos poquita cosa, nos gusta auto engañarnos y así seguiremos por los siglos de los siglos.

Ustedes perdonarán lo agrio, pero es que esta es la temporada bienal, en la que reflexiono acerca de este pueblo perdedor y descastado del que formamos parte como víctimas y verdugos a la vez. Es que cada Olimpiada y Campeonato del Mundo de futbol, durante tres semanas me martirizo reconsiderando las mediocres condiciones de nuestra nación. Digan ustedes si no es para llorar, si sumamos las medallas de oro ganadas por los atletas mexicanos de toda la historia del olimpismo, no alcanzamos la cifra obtenida por Michael Phelps, el sólito con dos cojones y cara de hombre.

Es que la delegación mexicana va a los juegos olímpicos a romper marcas como  las que siguen: Primer competidor en toda la historia que participa en ese deporte, desde luego, pierde el único partido en el que actúa. Nadadora que rompe el record de menor permanencia dentro del agua, estuvo veinticinco segundos y esa fue toda su comparecencia. Ridículo más sublime, levantador de pesas al que el Comité Olímpico Mexicano no le proporcionó uniforme y tuvo que pegar parches tapando las marcas de su camiseta, muñequeras y zapatillas. Clavadistas a los que, para su mala fortuna, un imbécil dispara su cámara en el momento más inoportuno, el flash los ciega a los dos y ya no pueden acuatizar como debían.

Record olímpico de número de visitas al escusado por el boxeador que tiene posibilidades de medalla y se enferma de gastroenteritis el día que le corresponde competir, cosa comprensible, si uno piensa que la de los golpes es una justa para cagarse. Mención especial a la capacidad de adaptación del golfista que está en Río con sus propios recursos económicos, además, no le llegan sus palos y tiene que jugar con unos prestados. Medalla de desdoro a futbolistas que son la esperanza de cien millones de ingenuos y contra todo, mantienen la tradición de ser eliminados en la primera ronda.

En tanto, una gran parte de mexicanos, insolidarios de campeonato y con toda la frustración a cuestas, fungen como verdugos y se burlan de la gimnasta Alexa Moreno que hizo un papel muy decoroso e insultan a los arqueros que lograron una posición digna. Es que ganaríamos la medalla de oro si existiera la prueba “operación cangrejo”, consistente en bajar a los compatriotas que van trepando por las paredes de la cubeta. Aumentemos a todo lo anterior que la Conade es una dependencia totalmente ineficaz.

El tema de esta columna es la tauromaquia. A eso voy. Así como los atletas olímpicos mexicanos rayan en lo patético, así, nuestra fiesta de toros es ridícula, porque, para empezar y como ya lo dije, se llama de toros y son lo que menos se ve. La nuestra es una parodia de lo que es una verdadera corrida de toros.

A dónde se puede llegar si, salvo el caso excepcional en todos los aspectos de Cinco Villas, los festejos sin caballos no existen en nuestro país. A su vez, casi nunca se anuncia una novillada y cuando se da, lo que los protagonistas realmente lidian son erales.

Luego, gracias a la corrupción, los ayuntamientos permiten que las empresas taurinas le vean la cara a los aficionados. Por ello, las corridas de feria se dan con novillos engordados mediante anabólicos que son anunciados como imponentes encierros de toros. Por supuesto, llegado el día en que sale un verdadero barbas, a los matadores y a sus cuadrillas, asediados por su propia mediocridad, les pasa lo mismo que a los atletas olímpicos, empequeñecen y grotescos parecen perdidos en su elemento, totalmente fuera de cacho.