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Soñadores de gloria…(Opinión)

Jueves 13 de septiembre 2018.- ¿Ustedes creen que, de verdad, los novilleros contemporáneos son soñadores de gloria?, ¿qué realmente, están preocupados por convertirse en leyendas? Perdón por aguar la fiesta, pero tengo una teoría personal al respecto. Lo que los chicos de hoy quieren, es vivir bien y que les digan toreros por que se visten de luces y no tanto por las hazañas realizadas en el ruedo.

En Guadalajara, el domingo, a las míticas cinco en punto de la tarde, se abrirá la puerta de cuadrillas de la plaza Nuevo Progreso, para dar la primera novillada con los jóvenes más destacados del ciclo llamado “Soñadores de gloria”. Van a ser cinco festejos de selección y en el sexto, estarán anunciados los que sobresalgan en la breve temporada, para disputar el trofeo “Manuel Capetillo”.
Ya he mencionado otras veces, lo que dijo el novelista Juan Carlos Onetti -palabras más, palabras menos- que entre los que quieren escribir y los que quieren ser escritores, se quedaba con los primeros. Del mismo modo, el que esto firma se queda con los que quieran torear, no con los que quieren ser toreros.
“Soñadores de gloria”, es una frase publicitaria muy bonita, pero hay que explicarle a los muchachos que entre la fama y la gloria, media un buen trecho. Es difícil hacerse matador de toros en un mundo que no los deja serlo. Me explico, siendo fiel a la precisión del lenguaje, torero es el que mata toros, no novillos ni eralitos. Sin embargo, quieren ser toreros, porque, en este país, si se sale bueno para pegar muletazos, puede que se alcance una posición económica aceptable, aunque nunca se pase de ser un matador equis, del que nos vamos a olvidar al otro día de que se corte la coleta.
Dicen que quieren ser toreros, pero no torear toros, que el apoderado lo arregle, que sean novillos con cierta apariencia de toro, que los cuernos estén despuntados: “maestro, -me llaman así, porque soy profesor-  no hay quien resista jugarse la vida cada ocho días”, dicen los espadas. Son soñadores de una gloria muy poquita cosa. Una gloria que consiste en seguir a los que se han colocado, a esos matadores que en México consiguen vivir de matar corriditas y pasarla bien, aunque entre ellos y ser una figura legendaria medie una distancia cósmica, pero, en estos tiempos ¿a quién le interesa ser una figura legendaria?.
Ellos mismos se roban su sueño, para inventarse una mentira en la que están perfectamente inmersos. Dicen que quieren ser toreros, pero no caminan por una ruta propia, sino por donde les dicen sus compañeros y los apoderados que son especialistas en deshacer ideales. Los he escuchado, los matadores de toros me lo han dicho: “maestro, es que usted ve otra fiesta, muy bonita e idealista, pero aquí hay que salir retratado en los portales taurinos a hombros y con las orejas en la mano”. Inevitable, pienso en “La sociedad del espectáculo” de Guy Debord, que dijo: “todo lo que alguna vez fue vivido directamente se ha convertido en una mera representación”. Primero fue el ser, luego, importó más el tener, ahora, basta con parecer. Ha habido los que eran: Lagartijo, Gaona, Joselito, Belmonte, Manolete, Ordoñez, ¿quién más?. Otros que tenían, Manolo Martínez, Eloy Cavazos y Curro Rivera, trilogía de la decadencia, si no, échenle un vistazo al torito “achaficado”, y pueden decirme lo que quieran, -que gusto tienes, José Antonio, por hacerte de rencillas- se aceptan reclamaciones que, desde luego, no voy a discutir. Más dramático es el caso de los de ahora, nada de ser ni de tener, a ellos les basta con parecer. No los nombro ¿para qué?.
Dicen que quieren ser toreros y se imaginan en el sosiego del cortijo, la cuenta de cheques gorda y el Mercedes Benz, pero pretenden brincarse a la torera –nunca mejor dicho-  lo del dolor que cuesta conseguirlos, nada de poner en serio las femorales en los diamantes, y menos, la posibilidad de morirse vestido de oro. Dicen que quieren ser toreros, pero les molestan las críticas, todo aquello que no sea coba. Quieren el reconocimiento barato y sin pozo. Lo de ser verdaderas figuras es un sueño muy caro, los tiempos que corren son pragmáticos, vivimos la lógica del mercado, la gloria si no tiene un rédito capitalizable, no tiene sentido. Noten el veneno de la frase.
¿Creen que exagero?, echen un vistazo a la baraja nacional de matadores; a la nómina de figuras mexicanas de las últimas tres décadas, nombren a alguien. ¿Saldrá alguno de las escuelas taurinas?. En España, ¿quién se va a convertir en el hito que inscribirá su nombre entre los de los más grandes?.
Por todo eso, hay que decirles, que no se trata de llegar a tirones y a jalones a media tabla, sino de intentar a sangre y cornadas poner el nombre con letras de oro en las páginas de la Historia de la Tauromaquia. Que sepan a ciencia cierta, que los muy pocos que lo han logrado, fueron, en su día y sin cortapisa, unos verdaderos soñadores de gloria.

De Purísima y Oro: La última esperanza…(Opinión)

José Antonio Luna Alarcón / Tauropasion

Domingo 24 junio 2018.- Por eso de que en la vida no hay casualidades, sino causalidades, esta semana, han llegado a mi correo electrónico dos reportajes que más que otra cosa, son conmovedores. Los han enviado amigos generosos. Uno va por escrito y el otro, es un video. Los dos hablan de encastes que no son muy comunes, pero sí, muy necesarios para la  supervivencia de la tauromaquia.

El primero fue publicado en el periódico El Mundo y está firmado por la escritora Emilia Landaluce. Es una entrevista a la marquesa de Seoane, es decir, a la señora de los toros jaboneros, los últimos “veraguas”, dueña de la ganadería de Prieto de la Cal. A lo largo del cuestionario, la marquesa despotrica contra las figuras del toreo y los empresarios por aquello del monopolio que sublima el monoencaste. Entre otras declaraciones, doña Mercedes Picón afirma que el indulto a “Orgullito” de la ganadería de Garcigrande fue una vergüenza, porque el toro nunca demostró su bravura en el caballo. Tiene razón, me pongo de pie para ovacionarla.

Que el encaste de Veragua se esté confinando, sólo porque cinco toreros y tres empresarios no quieren abrir el abanico creyendo que si lo hacen,  ponen en juego sus inmensas ganancias, se me hace un atentado contra esta bellísima pasión a la que llamamos tauromaquia. Los toros de casta ya no son requeridos, por la simple molestia que implica tener que dominarlos antes de adornarse con figuras aflamencadas.

El otro correo tiene adjunto un video de la serie titulada Encastes, dirigida por J. Ferrer Roca y que, en este caso, contiene un reportaje sobre los encastes Atanasio y Lizardo, que fueron creación genética de los criadores de esos nombres: Atanasio Fernández Iglesias y Lizardo Sánchez Sánchez. Durante las entrevistas, diversos ganaderos que hoy los crían, se quejan de lo mismo. Dicen que son muchos esfuerzos vanos y que al final, las camadas se quedan y hay que buscarles un mercado que difícilmente los adquiere.

Es que, la cosa se ha puesto difícil. Hoy, la fiesta es para un grupo de toreros que han logrado venderle una faena cómoda y, eso sí, muy bonita, a unos aficionados en extremo generosos y poco exigentes. Durante estos últimos tiempos, el gran protagonista perdió su papel y ha sido desplazado a la categoría de invitado incómodo, al punto tal, que el grado de incomodidad depende de lo encastado que sea su comportamiento.

Al que esto escribe, lo que las declaraciones de estos ganaderos provocan es una inmensa ternura y una gran compasión, entendiendo esta última palabra en su raíz, o sea, en la idea de “sentir lo mismo”. Parte de los encastes se están perdiendo en una fiesta monopolizada por unos cuantos y un día no muy lejano, cuando ya no haya nada que hacer, vamos a lamentar con profunda nostalgia lo que se fue para siempre.

A estos ganaderos toda mi veneración. Ellos son héroes solitarios, guerreros independientes, gente tesonera, quijotes que no se niegan a pelear sus batallas, aun sabiendo de antemano, que están perdidas. Porque es empeño noble y singular la lucha contra molinos de viento inamovibles, sobre todo, cuando se conoce que la victoria nunca será posible.

Los hay en España, en México, Perú y en todo el mundo taurino. Por solidaridad, hay que acudir a la plaza cuando se anuncia un hierro que defiende la casta. Y si me apuran, no por favorecerlos, -somos una sociedad harto individualista- sino por nuestra propia conveniencia. Los aficionados deberíamos formar cofradías de amigos del toro y brindarle todo nuestro apoyo al él, que tantas satisfacciones nos ha dado con su vida a lo largo de nuestra experiencia como adeptos. ¡Basta de tanta deslealtad!, llegó la hora de darnos cuenta de que para salvar a la fiesta, en el respeto al toro está nuestra última esperanza.

De purísima y Oro: La oleada cárdena…(Opinión)

José Antonio Luna Alarcón /Tauropasion

Sábado 09 de junio 2018.- Hay ganaderos, de uno y otro lado del océano, que son verdaderos baluartes de un movimiento clandestino -no sé si captan la ironía- que se afana por dignificar la fiesta. Son hombres que crían toros bravos creyendo todavía, que sus moritos deben de salir precisamente así: bravos y además, fieros y codiciosos. En oposición, existen  otros criadores, los posmodernos, que son mesurados, de ligereza en la intención y amantes de lo bonito. Ellos, campando en el absurdo, piensan que los toros de lidia  deben ser tontos, nobles y suaves.

La de don Adolfo Martín, que se lidió hoy mismo, fue una hermosa, fuerte, bien armada e inteligente, corrida de toros. Desde que de la oscuridad del túnel empezaba a asomar el cuarto creciente de luna que eran los astifinos y bien dotados pitones, la emoción se alborotaba. Luego, en las arrancadas a tablas la cosa iba creciendo y al momento de los embroques, uno ya estaba en el borde del asiento.

La mirada de un “adolfo” destella inteligencia y si el que observa desde las barreras lee en los ojos del merengue la viveza y la astucia, ya se pueden imaginar ustedes lo que siente el que camina hacia él y extendiendo la capa se lo pasa cerca de las femorales.

El primero de la tarde fue para el toricantano Ángel Sánchez, un valiente que se arriesgó a tomar la alternativa con la corrida de los de divisa verde y roja. En los derechazos a su primero corrió la mano y templó, en los remates barrió lomos a placer y mandaba el estaquillador al alamar de la hombrera contraria. El segundo que mató, le correspondía a El Cid que fue cogido. El toro era un sinodal para maestros que puso una prueba durísima al inexperto espada. Por ese y por el cierra plaza, el recién doctorado de matador de toros, dando gracias a la Virgen de su devoción,  tiene que descorchar cava, para celebrar en grande el haber salido de la plaza por su propio pie y no en camilla.

En su turno, El Cid estaba templando cuando el toro que ya avisaba, le dio un poco de coba, el diestro se la tragó y ya afirmadas en la arena las zapatillas, el cárdeno se venció para cornearlo en el muslo derecho. Esa, ustedes perdonen, es inteligencia. Como lo es, también, que ya  derribado el diestro, el toro con las manos y los cuernos acomodaba el cuerpo del torero para tirarle más hachazos, hasta que lo lanzó al frente sin encarnar el derrote.

La corrida en general, iba por el sendero de lo aceptable con buena nota. Entonces, apareció “Chaparrito”. Un toro nada bajo ni en la forma ni en el fondo. Desde los primeros lances el veleto hizo el “avioncito”. Los encuentros de largo con el caballo fueron sellados por la alegría de su arrancada. Bravura de diez, magnífico estilo en la embestida, fijeza total, claridad y nobleza, nos pusieron a todos en aviso de que la faena sería de cante grande.

En banderillas acometió con gran codicia y estuvo a punto de llevarse por delante al subalterno Juan Sierra, que terminó haciendo malabares para no quitar los pies del suelo.

Al punto, el toro arremetía con bravura, gran temple y sublime estilo a la muleta. Pepe Moral correspondió con valor, lealtad y clase, a la enorme calidad de la humillada embestida, que dejaba surco con el morro en la arena. Para cortar las dos orejas, al coleta sevillano le faltó una serie desfondada con la mano izquierda y matarlo en el primer intento.

La vida tiene ironías y son los matadores que torean poco y hablan menos, los que queriendo, o no, salvan la verdadera esencia de la tauromaquia, esa que con una oleada cárdena, llega la última semana de la Feria de San Isidro. Es cuando las aguas vuelven al cauce del que nunca debieron de haber salido y la lidia es un río de emoción. Si los toros tienen mucha casta y una estampa imponente, pase lo que pase, la tarde toma la severa importancia que debe tener el rito oficiado en el claustro circular del ruedo. La número treinta y dos fue una corrida trágica y luminosa, como debe ser el toreo. De la sangre de El Cid a la espléndida bravura de “Chaparrito”, pasando por la tremenda densidad con que construyeron el argumento taurómaco el atrevimiento del inexperto Ángel Sánchez y el arte derramado entre aromas de torería por Pepe Moral.

De Purísima y Oro: Sin bandera…(Opinión)

José Antonio Luna Alarcón /Tauropasion

Domingo 03 de junio 2018.-  ¡Y con ustedes, señoras y señores, la Feria Mundial del Toreo!. Es que anunciar a seis toreros de diferentes países en una misma corrida, convierte al San Isidro en puntual referencia de la globalización. No importa que, por decir algo, los chinos puedan argumentar que ellos también forman parte del mundo y que de entre los mil trecientos noventa y siete millones de chinos existentes y aportando para la crisis ecológica por sobrepoblación del planeta Tierra, no haya un torero ni de coña. Pero, bueno, considerando que en Estados Unidos llaman serie mundial a una final de campeonato de béisbol en el que sólo participan equipos estadounidenses y uno de Canadá, el serial madrileño, sin ningún complejo, bien puede llamarse la Feria Mundial del Toreo.

Sin embargo, los de la empresa decidieron acotar el término a un solo festejo al que bautizaron como “La Corrida de las Seis Naciones”, que después nos percatamos, debió llamarse la corrida de las seis decepciones. Ninguna interpretación tuvo fondo y únicamente dejó de manifiesto la decadencia universal del toreo. Muy poca variedad en los capotes, falta de fondo en los muletazos, repetición de lo mismo, desplantes insulsos y las propuestas de un toreo “corta orejitas” a toros intrascendentes y además, con mucha falta de estampa, desde luego, en este punto me refiero a la comparación de lo que sale por la puerta de toriles de Las Ventas. Total, un fiasco.

Es que lo de las banderas sólo sirve para medrar con la ingenuidad de los más simples. En la corrida de las seis naciones participaron Juan Bautista de Francia, Luis Bolívar de Colombia, España estuvo representada por Juan del Álamo, Joaquín Galdós de Perú, Luis David por México y Jesús Enrique Colombo de Venezuela, para matar media docena de El Pilar. Sin embargo, en el arte no hay nacionalidades y en el de torear menos, Nimeño II y César Rincón, entre otros, serán siempre mi argumento más contundente.

Ustedes han de perdonar, pero, la corrida fue muy insulsa y descafeinada. Para el que esto escribe, lo más interesante de la feria hasta el momento, han sido los seis toros de doña Dolores Aguirre con todo y su mansedumbre y los de Partido de Resina, con todo y que no salieron. En todo el serial, no ha habido corridas más relevantes que esas. Me explico: El primero y segundo de la señora fueron toros bravos con mucho pozo y se encontraron con dos magníficos toreros que se jugaron la vida en cada embroque. Los otros cuatro merengues fueron mansos de libro y el sexto era un campeón mundial de la falta de casta, pero exigieron tanto a Rubén Pinar a Venegas y Gómez del Pilar, que me pongo de pie y me quito el sombrero para llamarlos toreros.

Por su parte, los de Partido de Resina, supongo que estarían también puestos y con tanta bravura, que Simón Casas no mandó poner el toldo sobre la arena de la plaza -llovió todo el día- y una vez que se vendieron ginebras, cervezas y almohadillas, tuvo el pretexto perfecto para que se suspendiera la que, seguramente, hubiera sido la corrida más brava del ciclo, aunque sé bien que el “hubiera” no existe y el “haiga” menos. Además, entiendo que, tal vez, siendo un cartel para conocedores y no para el gran público, la taquilla no cubría las expectativas financieras.

Las ganaderías de bravura auténtica brindan otro concepto de la fiesta. Es que ningún torero en su sano juicio le pondría los muslos a un toro de doña Dolores, como sí se los ponen a los juanpedritos en España y a los teofilitos, aquí, en México, que en esto de las naciones unidas por el toreo, esas dos son ganaderías hermanas en los ideales.

Total, que “La Corrida de las Seis Naciones” sólo sirvió para demostrar que la mayoría de los toreros de hoy, sean del país que sea, no tienen el menor interés en la gesta, no quieren romper esquemas y sólo seguirán lo que está anotado en su muy pobre argumento. Ellos están convencidos de que el camino a la gloria es así de simplote. En conclusión, con la corrida del mundo mundial comprobamos que la mediocridad no tiene bandera y que tampoco reconoce fronteras.

Persona y cultura contemporánea…(Opinión)

José Antonio Luna Alarcón /Tauropasion

Sábado 05 de mayo 2018.- A veces se rompen esquemas y eso es bueno. En un ámbito cimentado en la tradición, estoy hablando del toreo, es un deporte extremo salirse de lo establecido.

En los tiempos de globalización que corren, los de la empresa de Madrid consideran importante hacer notar que toreros de varias naciones van a actuar en la misma feria y como lo del campeonato de fútbol –deporte de masas-  que se jugará en Rusia, está casi encima, a la Feria de San Isidro de este año, la han bautizado como El Mundial del Toreo. El nombre es acertado, pues se busca la atención de los que no son devotos.

El que firma este texto, que además de darle a lo de juntar letras, soy profesor universitario de una materia que se llama Persona y cultura contemporánea, cuando el temario indica repasar totalitarismos en el siglo Veinte, que además son muchos, porque la ambición y la prepotencia humana no tienen límite, inevitablemente, llegamos a la Guerra Civil española. Ahí, me detengo un poco y como soy apasionado del arte de Cúchares, busco cualquier hebra para tirar del hilo y hablar de toros.

Los jóvenes, aun los que son antitaurinos, escuchan con interés cuando les narro la historia de Lupe Sino y Manolete. Es que a los muchachos, sobre todo a ellas, les gustan las historias de amor y por ahí, me sigo contándoles la hazaña de algún torero o la anécdota de un toro famoso. Me gusta ver a los chicos –hombres y mujeres- que al principio de la charla han declarado su antitaurinismo, como en ese momento, me miran embobados con una expresión que delata la duda de que si lo que les contaron acerca del toreo fue una calumnia y sí, siempre lo es. Culmino mencionando que una corrida en Madrid es uno de los espectáculos más luminosos, bellos y conmovedores que el ser humano puede ver. En ellas, a final de cuentas, podemos comprender y aceptar lo precaria que es la vida y por ello, lo importante que es vivir con toda intensidad. Y para que los estudiantes entiendan la magnitud de lo que es la Feria de San Isidro, les digo que ese serial es algo así, como “El Mundial de los Toreros”. Lo mío no es proselitismo, lo que pasa es que a mis alumnos, me gusta darles lo mejor que tengo.

Luego, ya se sabe, todo momento mágico tiene un final, la sesión continúa:  1939, el bombardeo a Varsovia y las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, pero como mi clase no es de Historia, sino de Antropología filosófica, los conduzco por las horripilantes cámaras de gases a uno de los libros más profundos y vibrantes que se han escrito: El hombre en busca de sentido, de Víctor Frankl, el arte de vivir con esperanza en medio del más atroz sufrimiento.

Volviendo a lo de El Mundial del Toreo, esta es una campaña que la empresa Plaza 1 ha lanzado. Se trata de promulgar que varias culturas estarán presentes en el San Isidro 2018, representados por los siguientes toreros: Luis Bolívar, de Colombia; Juan José Padilla, de España;  Lea Vicens, de Francia; Luis David, se ha quitado el Adame, para no desvirtuarse, -noten como me gusta tirar el derrote-  de México; Andrés Roca Rey, de Perú y Jesús Enrique Colombo de Venezuela. La cruzada hace énfasis en la multiculturalidad y los carteles propagandísticos tienen a cada torero con un dibujo emblemático de su país, pintado en el pecho. Por ejemplo, A Roca Rey le sombrearon en la piel un cóndor inca y a Luis David, una catrina emblemática de Día de Muertos. Los carteles con fotografías de los matadores y su dibujo en el tórax, serán expuestos en autobuses, marquesinas, carteleras, quioscos, prensa, televisión y medios digitales.

La idea es provocadora e interesante. Por mi parte, creo que en el arte no hay nacionalidades. Las fronteras y las banderas atañen a los estados, nunca a la patria. La única patria verdadera es la que se lleva en la lengua, los ojos y el corazón. Por eso, los toreros buenos son universales y llevan el mismo pasaporte que todo aquel que ame el toreo. Pensando en Joan Manuel Serrat escribo que los tordos que a media tarde llegan con su algazara al prado de mi casa, no saben de nacionalidades. El ondear de banderas, por lo general, lleva escondido en los pliegues intereses mezquinos. Toreros de todos y además eternos, son Rodolfo Gaona, Gallito, César Girón y César Rincón, entre otros, no importa, para nada, dónde hayan nacido.

De purísima y Oro: Bailando jarabes…(Opinión)

José Antonio Luna Alarcón / Tauropasión

Lunes 30 de abril 2018.- No voy, se los juro. Ya con la del viernes pasado tuve para rato. Los festejos taurinos en El Relicario deberían enarbolar una frase publicitaria de esta ralea: “Corridas de Feria. ¡La más baja calidad, a los precios más altos del mercado!.” Es que cobran las entradas como si anunciaran Miuras en Pamplona. A mí, me asombra el modo en que la simpleza y la dejadez campan por los tendidos de las plazas de toros mexicanas, pero en la ciudad angélica, los asistentes exageran. No sé por qué concurren, y con tanto gusto, a que les vean la oreja. Pagan un boleto carísimo por una pantomima. Desembolsan mucho dinero por ver una corrida tercermundista.

Asistir a los toros en Puebla es una experiencia pantagruélica y obliga a asumir una estolidez de libro. Primero, llegar a la plaza. Del fuerte de Loreto –a un kilómetro del coso- conduje a vuelta de rueda una hora con veinte minutos en un tráfico del carajo. Es que los residentes de la colonia Lomas de Loreto, cansados de que los asistentes a la feria atasquen sus calles y obstaculicen sus cocheras, han cerrado con malla ciclónica las bocacalles. Ya se sabe, aquí, nadie respeta nada y menos, el libre tránsito constitucional, Alicia en el país de por mi horquilla. Además, los agentes de vialidad parece que tienen la consigna de taponar el flujo vehicular. Sumen ustedes a lo anterior, que no hay estacionamientos suficientes, una verdadera pesadilla.

Llegué tarde, sin embargo, estuve en mi asiento poco antes del paseíllo, porque –obvio- alguno de los matadores también arribó con retraso. Por fin, sentado en la grada, me dispuse a disfrutar la corrida. El hígado se me hizo paté en cuanto llame al vendedor de cervezas. Ochenta mortadelos una fría, que si lo sumamos a lo que cuesta una entrada, cuatrocientos cuarenta morlacos en ¡sol general!, ya es un capitalito. Lo que más me revienta es que, año con año, con cara de imbécil caigo sin falta por lo menos a una.

La media docena de pazguatos encornados que se lidió fue de La Venta del Refugio. Parafraseando unos versos, permítanme, recito: “…no hay en el mundo nombre/ que a la verdad más se ciña/ lo del Relicario es rapiña/ y esa ganadería es refugio, pero de mansedumbre”. Que no les doren el cuento, la corrida no valió un cacahuate, salvo un par de banderillas superior de Carlos Martel, un torero de plata, pero que vale un diamante, todo lo demás fue vano, insulso, de a centavo. La oreja que le dio el juez a Jerónimo, tras pinchar y acto seguido, colocar un bajonazo infame, más bien, se la otorgó el público con una insistencia pesada. Así, nunca tendremos una plaza digna, pero, encima, ¿para qué la queremos?  si con lo que dan, los pocos que asisten –menos de media entrada- están más que dichosos y aplaudiendo hasta al hombre que arrea al tiro de mulitas.

Castella y Joselito Adame nos la aplicaron con el rigor de Brad Pitt y George Clooney en La gran estafa. Eso sí, con la solemnidad y actitudes de quien está enfrentando “adolfos” cinqueños en Ceret.

En todos lados se cuecen habas y en muchas plazas del mundo a los espectadores les ven la cara de tontos, pero nosotros los poblanos nos llevamos el “Villamelón de Oro” que otorga la academia del espectador chafa. Para hoy, viernes, está anunciada una media docena de toros con estampa de novillos, los pitones romos –serruchín, serruchón- de Villa Carmela, que harán las delicias de los seguidores de Enrique Ponce y que a mí, me castigan mucho la vesícula.

Como ven, hay días que me desayuno con ganas de sumar a Puebla a lo de Sodoma y Gomorra. Mi negatividad al redactar, ha hecho añicos todos los esfuerzos de mi risoterapeuta por convertirme en un ser positivo. Pero en este país, ser escritor de toros comprometido con la verdad y, además, positivo, es de lo más antagónico, aunque a mi favor está lo de que escribir es una terapia y un desahogo. Se los aseguro, la primera de feria fue un soberano desastre y la segunda, lo será, no obstante corten veinte orejas que cuando éste texto sea publicado, ustedes ya sabrán el número exacto. Indudable, Ponce, El Juli, Castella y Padilla, son unos torerazos, es cierto… pero, también, son unos bribones. Si a México sólo vienen a llevarnos al baile, a Puebla llegan a ponernos a zapatear jarabe, uno tras otro. Lo peor es que bailamos con unos bríos que nos hinchan los pies de ampollas.

Recital…(Opinión)

José Antonio Luna Alarcón / Tauropasion

Sábado 21 de abril 2018.- Pues sí, un indulto más en Sevilla. Los espectadores se frotaban las manos y seguro comentaron que nunca se había toreado como ahora. Lo decimos todos los que vamos a los toros. Es cierto, algunos ganaderos han conseguido el animal perfecto para el toreo posmoderno. Este consiste en disminuir todo lo posible el peligro y crear un mecanismo vivo con cuernos, que se preste para formar los conjuntos estéticos más bellos del mundo y que estos se repitan en series hasta la saciedad. Porque si se mira sin analizar, es decir, sin considerar todos los componentes que debe tener un encuentro entre hombre y toro en la arena, el goce estético que deja cada pase es enorme, aunque hay aguafiestas como el que esto escribe, que se quedan con la sensación de que a la cosa, sin peligro, le falta poso y le sobra timo.

Han de perdonar lo irreverente, pero “Orgullito” de la ganadería de Garcigrande, no es un toro de indulto ni de coña. Fue muy tibio en el caballo. Fíjense, en “Yutoub” está el video. En la primera vara, no empujó peleando con coraje y lo hizo sólo con el pitón izquierdo. Desde ese momento, demostró que ese era su cuerno maestro. El segundo puyazo apenas fue un rasguño. Nunca de los nuncas, manifestó bravura.

Si ustedes se acuerdan del magnífico “Cobradiezmos” –me persigno, San Victorino Martín, ruega por nosotros- de su manera de arrancarse al caballo tan de largo y tan emotivo, su modo de atacar a la mole blindada por debajo del estribo con tanta  bravura. Luego, su manera de exigir a Manuel Escribano que se impusiera, verán que hay una distancia cósmica entre ese gran toro y “Orgullito” que fue noble, claro hasta la desesperación y con excelente estilo, pero que estuvo lejísimos de ser bravo.

Eso no importa, la exigencia de bravura se ha ido de la plaza, corren otros tiempos y otras modas. “Orgullito” es el toro ideal para el toreo posmoderno. Fue tan bueno para este fin, blandón, carente por completo de fiereza y codicia, en contraparte, tan obediente al toque, que viéndolo hasta se envidiaba la facilidad con la que ejecutó El Juli. Un toro muy noble y de magnífico estilo, toreado de modo superior por el maestro de Velilla de San Antonio, pero  muy lejano al ideal de casta brava.

Las características del toreo posmoderno – y ya nos llevaron a pasear al huerto- son: primacía de la belleza sobre la verdad. La abolición de la suerte de varas. El trapío -según lo acontecido en Sevilla- ya no es requisito indispensable para la presentación de un toro en una plaza de primera. Además, durante la lidia, debe prevalecer la sensación de comodidad en el goce estético, para ello, debe estar garantizada la seguridad de que el merengue no le quitará los pies del suelo al coleta. También, deben campear la tolerancia extremada por parte del público, la búsqueda del placer por el placer y el gusto por lo desechable.

Con “Orgullito” y El Juli, se declara oficialmente abierta la nueva etapa histórica del toreo. A partir de este indulto, ya no será necesaria la molesta bravura, que no deja estar al diestro y la nobleza se apreciará por sobre todas las cosas. Adiós a la incómoda mortificación, que produce el estar gozando de la belleza de una faena, consciente de que el matador se está desfondando por conseguirlo en los linderos mismos de la muerte. ¿Para qué filosofar sobre la vida y la muerte, si con emocionarse ante lo precioso es suficiente?. Hasta nunca a esa perturbadora preocupación por el peligro inminente de que si el espada comete una equivocación, el bravo y codicioso toro lo partirá en dos. Lo nuevo es arriesgar la vida con seguridad de que no va a pasar nada, que una cosa es la vergüenza torera y otra muy distinta ser un lelo.

No sé, me estoy quedando atrás. En la simbiosis que es el toreo, me gustan las faenas cuando veo al matador haciendo esfuerzos por estar a la altura del toro y no, al revés. Adiós a las gestas toreras, han empezado los recitales de danza.

El caballero andaluz…(Opinión)

Redacción / José Antonio Luna Alarcón

Domingo 15 de abril 2018.- Hay que ver lo que son los recuerdos y la vida. En el despacho de mi abuelo había trofeos ganados en competencias de tiro con rifles de alto poder, fusiles que también estaban allí, colocados en un armero. Había, además, libros, un jarrón que en vez de flores contenía banderillas de lujo forradas en tela y cuadros con fotografías. Las jaras no eran en dos tonos como se acostumbran ahora, sino de muchos colores: amarillo, obispo, grana, celeste, verde botella, listones que se trenzaban en torno a los palos y tenían un par de rosas del mismo material al centro. Nunca fueron usadas en el ruedo y conservaban los arpones clavados en corchos de botellas de vino.

No están ustedes para saberlo, pero les cuento, ya verán a dónde quiero llegar. Las fotografías eran remembranzas que mi abuelo mandó enmarcar y colgó en las paredes, las más, recibiendo los premios que, a lo largo de su existencia, se ganó por su buena puntería. Algunos cuadros tenían recortes de periódicos dando la noticia de que José Alarcón, así se llamaba él, había ganado algún campeonato en el campo de tiro. En otra instantánea aparecía saludando a María Félix que enarcaba la ceja sonriendo a mi ancestro. Había retratos de muchos otros personajes captados junto a él, Lázaro Cárdenas, Joselito Huerta, Alfredo Leal…

Ustedes se preguntarán: ¿y la nostalgia que se le ha metido al escritor, a nosotros qué nos importa?. Es que entre esa colección de recuerdos impresos en papel, había una fotografía que en estos últimos días he traído dando vueltas en la cabeza. La imagen fue captada en el patio de cuadrillas de El Toreo de Puebla. La lámina es en color sepia y muestra a un caballero, de estatura alta, vestido de corto, con zahonas y sombrero de ala ancha, las sonrisas, la de él y la de mi abuelo, son francas. El señor de la foto es Ángel Peralta.

La muerte del gran rejoneador a sus noventa y tres años, me ha hecho volar de regreso. Recuerdo que antes se daban pocas corridas de rejones, que los matadores de a caballo sólo lidiaban un toro y que éste siempre era el primero. Al mismo tiempo, gracias a esas memorias considero algunas otras cuestiones: no, no es que no me guste el rejoneo. Los que no me gustan son los rejoneadores contemporáneos que han echado del ruedo la preciosa doma vaquera, para cambiárnosla por actos de circo. Sólo falta el mago y la trapecista de leotardo revelador y escote generoso. No me gusta, tampoco, que los cornúpetas para rejones sean tan jóvenes, casi erales, y que se lidien con los cuernos hechos cisco, recortados hasta la mitad y con tachones.

El jinete de la Puebla del Río, era de esos caballeros en plaza que de verdad salían a jugársela. No lo vi actuar, o no me acuerdo, lo que sí tengo muy presente es lo que mi abuelo y mi padre me contaban acerca de él. Ellos me hablaban de las faenas de Ángel Peralta y de sus caballos casi mitológicos, “Favorito” y “Gavioto”. Por otra parte, está también, el corrido que narra –ignoro si es ficción o verdadero, pero me gusta creérmelo- lo que pasó una tarde de septiembre de 1965, en Alicante, cuando un cárdeno de Pablo Romero, de nombre “Colillero” mató a un bayo llamado el “As de Oros” que el caballista se llevó de aquí, de México.

El caso y la cosa es que el recuerdo del rejoneador, ganadero y escritor, que un día recibió la medalla de las Bellas Artes otorgada por el Ministerio de Cultura de las Españas, sirvió para echar a andar en sentido inverso. Cuando se muere un artista al que hemos admirado, aunque no lo hayamos conocido en persona, el mundo se empobrece, nos sentimos tristes y lo echamos de menos… Ángel Peralta se ha muerto y como escribió Antonio Machado de otro hombre de a caballo, me da por imaginarlo muy parecido al rejoneador. Aquí les dejo unos versos: “Buen don Guido, ya eres ido / y para siempre jamás… / Alguien dirá: ¿Qué dejaste? / Yo pregunto: ¿Qué llevaste / al mundo donde hoy estás? /  ¿Tu amor a los alamares / y a las sedas y a los oros, / y a la sangre de los toros / y al humo de los altares?”.

 

Humilde, resignado, lacónico…(Opinión)

José Antonio Luna Alarcón / Tauropasion

Sábado 07 de abril 2018.- Fue su noche, la de ellos, y como tal, la disfrutaron. Más que facultades, a la espalda traían una afición inacabable y una tremenda nostalgia. Así, llegaron y con las mismas características, pero desde otra perspectiva, asistimos nosotros. Fuimos a la plaza de Tlaxcala en busca de evocaciones y de añoranzas. Mataban tres toros de Coaxamaluca y tres de Tenopala: Miguel Villanueva, Raúl Ponce de León y Rafael Gil Rafaelillo. Artistas en el ruedo y filósofos de la vida. Llegaron a la plaza desparramando torería.

Yo, por decir algo, no dejé de acordarme de cosas. Por ejemplo, que una tarde vi al maestro Miguel Villanueva matar una media docena de Tepeyehualco y de Tenexac, corrida memorable, también en la “Ranchero Aguilar”. Esa ocasión, junto con él, estuvieron anunciados Antoñete y El Pana. Del mismo modo, recordé que la primera vez que fui a la Plaza México, vi torear a Raúl Contreras Finito y a Ponce de León.

Asimismo, rememoré que en este ruedo tlaxcalteca, una tarde grandiosa, Ponce “El bueno” mató un torazo al que sólo le faltó llevarse por delante a las taquilleras. Ese hermoso ejemplar -creo que era de Zacatepec- fue recibido a verónicas preciosas, acto seguido, hizo hilo tras un subalterno y lo alcanzó a coger ya que el hombre estaba adentro del burladero, lo sacó de ahí con un cornadón en el muslo. Luego, derribó al picador y en vez de ensañarse con el caballo, el merengue se subió encima del jaco, buscando al jinete que, en el suelo, vivía la peor pesadilla de su vida. Entonces, apareció Ponce “El bueno” y capote a la espalda hizo un verdadero quite por gaoneras. Luego, la faena de muleta fue sublime. De Rafaelillo, tengo los recuerdos de muchas tardes, de faenas hondas y aromas gitanos.

La noche del sábado, Miguel Villanueva estuvo enorme con el capote e intenso con la muleta. A Ponce “El bueno”, el segundo torito, terciado, le exigió mostrara su título de doctor en tauromaquia. Fue al primer lance por el pitón izquierdo. Lo arrolló como un tren para dejarlo estampado al pie del estribo de las tablas, con un puntazo en la mejilla que no encarnó por un verdadero milagro y que nos dejó temblando. El maestro se levantó para fajarse y lograr unos derechazos de honda belleza y gravedad. Rafaelillo estuvo muy artista con las dos telas y en sus dos toros.

La Corrida de la Gloria tuvo más de lo que esperábamos. Aparte de verónicas, chicuelinas, gaoneras, naturales –muy pocos-, y derechazos, todos de una belleza serena y llena de solera, disfrutamos de muchos buenos pares de banderillas por parte de la peonería. En especial y en cada toro -porque banderilleó a los seis- los de ese torerazo delgadito, que se llama Carlos Martel y que es más bueno que el brandy y que el coñac que lleva en el nombre. Sobre todo, en un tercio de banderillas en que, junto con su compañero de palos, estuvo superior. Y en el que Gerardo Angelino dictó una de las cátedras más bellas y efectivas de la historia del toreo en México, acerca de cómo se deben pegar los capotazos de brega, es decir, arriba, deletreados y con la suavidad de un capote hecho de pétalos de rosa.

Que sí, que los toros estaban justitos de presencia, pues, sí. Sí, es cierto. Pero animales de ese tamaño y condición, veo que son lidiados sin el menor empacho por toreros fuertes, jóvenes y en activo, profesionales que actúan cada semana. Es más, toritos de esa catadura son los que matan las figuras. Así, que nada. Fue un gesto y como tal, hay que reconocerlo. No es cosa que podamos hacerlo todos, meterse a lidiar un animal de más de cuatrocientos cincuenta kilos teniendo setenta años anotados en la credencial de elector, es una hazaña aquí y en China.

¿En dónde termina la afición?. La afición no termina nunca. Pero, ¿en dónde están los límites de la capacidad humana?. Cada día me sorprendo más y más. Qué personas cercanas a mí sean capaces de correr cien kilómetros en veinte horas y que un hombre de setenta años de edad se levante del arropón de un toro, y lo domine a profundos y bellísimos derechazos, me dejan pasmado. Con el asombro de un niño me pregunto: ¿qué sigue?.

Tras la corrida, en uno de los pasillos del hotel, me encontré a Raúl Ponce de León. “¡Enhorabuena, maestro!”. Entre su gente, caminaba cansado, el puntazo en la mejilla, con su lujoso vestido de luces negro y oro, manchado de arena y sangre. Como si no hubiera acabado de acometer una guapeza me contestó humilde, resignado y lacónico: “Pude haber hecho más”. Heroísmo torero en cuatro palabras.

Meter en cintura…(Opinión)

José Antonio Luna Alarcón / Tauropasion

Domingo 18 de marzo 2018.- Pobre toro, ¡no se vale!. O sea, porque acudía con pujanza al cite, ¿Pablo Hermoso de Mendoza decidió aplicarle más castigo?. ¡Qué poca!, esa fue parte de la estrategia del navarro para indultarlo. Es que, en los tiempos decadentes en que vivimos importa más la forma que el fondo, por ello, el rejoneo se ha puesto muy de moda y, además, en esa disciplina, indultar toros también se está volviendo costumbre.

La cuestión es que, con el estrépito de una catedral venida a tierra, ha caído Guadalajara, último bastión mexicano de la decencia taurina. Aunque a veces, si alguien no decide reparar pitones con alambres, Mérida también levanta estandartes. En el ruedo más serio de este país de mis partes nobles, es decir, el de la capital jalisciense, a un cárdeno de don Fernando de la Mora, le han perdonado la vida ante la habilidosa insistencia del rejoneador estellés, que ha hecho el doctorado en Técnicas de aplicación con queso a espectadores  tercermundistas, como es el caso del inculto y sensiblero público mexicano.

El que firma este artículo no sabe si “Tapatío”, nombre del toro número 167 y corrido en séptimo turno en la plaza de Nuevo Progreso, salió muy bueno o no. De lo que sí está seguro es de que hay muchos aficionados de primera que no opinan lo mismo que el señor juez Arnulfo Martínez Rodríguez y por ello, han protestado con energía y persistencia el cómo se dan las cosas en nuestra tauromaquia, estoy cierto de que lo del indulto debe ser un camelo del tamaño del mar.

Creo que a los toros muy buenos hay que perdonarles la vida, ¡claro!, que los curen y que les pongan veinte o más señoras vaconas piernudas y de caderas anchas o como deban ser las vacas que a los toros les quitan el hipo. Pero, también creo como dogma de fe, que para saber si un toro es de tan alta calidad hay que verlo con un torero de a pie. Es en la profundidad y el dramatismo del toreo a capa, tercio de varas y muleta, donde se puede valorar la voluntad de embestir que tiene un toro y la duración de esa misma voluntad. Con los matadores de a pie no queda duda de la bravura, estilo, acometividad y fiereza de un buen merengue. Así, no hay titubeos respecto a toros que sólo galopan tras las ancas del caballo sin pretender alcanzarlo.

La polémica se ha puesto al rojo vivo y por ejemplo, los de la peña Mal de montera, han enviado una carta al presidente municipal de Guadalajara en la que manifiestan su indignación y le piden que esté atento a la plaza de toros más seria del país.

Entre otras cosas, exteriorizan que dudan mucho que “Tapatío” haya sido un toro de indulto. También, reclaman el que durante la lidia del séptimo de la tarde, Hermoso de Mendoza haya solicitado música para ponerle más cachondeo al asunto. En Guadalajara, por reglamento, está prohibido que los diestros durante su actuación, pidan a la banda que le reste seriedad al asunto. ¡Qué bueno!, si no, en unos días tendrían a todos los toreros populistas y corrientes pidiendo música, y además, señalando el suelo con el dedo índice, para que la pieza a interpretar sea la emblemática del lugar, exacto los filarmónicos haciendo añicos la serenidad de la tarde la emprenderían con: ¡Ay Jalisco no te rajes!.

A su vez, reprueban lo que han llamado “exabruptos teatrales” del rejoneador abrazando el cuello de sus caballos con gratitud excelsa,  con lo que ellos consideran, desorientó al público.

Asimismo, están muy inconformes ante la actitud del caballista que se negó a matar al toro, desacatando a la autoridad. Por el contrario, sin ninguna autorización se dedicó a clavar más hierros con objeto de inmortalizarlo. Por eso, nos quejamos al principio de este texto: ¡pobre toro!, como homenaje y para agradecerle al toro sus virtudes, le clavó otra media tonelada de acero. ¿Qué vamos a hacer con la manera como algunos espadas pisotean la dignidad del cornúpeta?. Habrá que aprender que el toro es un colaborador al que le debemos todo el respeto y las consideraciones del mundo. Y definitivo, alguien tiene que meter en cintura a los bribones. Pablo Hermoso y El Juli, encabezan el escalafón de triunfadores, ustedes me entienden.