Ficha Técnicade buen juego en general destacando el 2o que recibió arrastre lento.
Oreja / Oreja
Dos orejas / Oreja
Ficha TécnicaTP/ Ángel Sainos
Domingo 7 de abril 2019.- El matador José Mauricio cortó una oreja en cada toro para constituirse por sexta ocasión en triunfador de la Feria de Caballo en Texcoco, Estado de México; ahora durante la tercera corrida del ciclo 2019. Con ello justificó con creces su inclusión en el cartel, donde mostró su intención de posicionarse en el gusto del público cada vez que sea programado. El hispano Gonzalo Caballero cortó un apéndice de peso, mientras que Sergio Flores se fue de vacío.
José Mauricio abrió el festejo ante un toro que fue bien picado por lo que desarrolló su calidad para que al filo del tercio, el torero capitalino arrancara en el público los primeros olés por una tanda con la mano derecha. Luego lo llevó a la boca de riego donde la faena subió de tono pues lo lidió por ambos pitones con temple. Estrechó terrenos por los que sufrió un par de achuchones sin consecuencias. Remató de tres cuartos de estocada para cortar una oreja.
Con el cuarto José Mauricio Moret realizó un lúcido quite por chicuelinas, lo llevó con pases por bajo a los medios para iniciar sus tandas muleteriles, en ese terreno el burel acrecentó su transmisión y la buena condición para tomar la franela por bajo. A pesar que el viento descubría al coleta, este se mantuvo firme en sus procederes. Destacó en los pasajes por naturales, mismos que ejecutó de manera vertical y muy ajustado. Cerró con bernardinas, pinchazo arriba y estocada para cortar un apéndice.
Sergio Flores lidió a su primero, que en el encuentro con el picador se rompió el pitón y fue cambiado por otro de la misma procedencia que fue remiso en sus embestidas, al cual provocó para obtener pases aislados. Ante lo poco obtenido, lo lidió y despachó de varios intentos con la espada y descabello, para recibir palmas tras aviso. El quito toro tuvo una emotiva salida que el de Tlaxcala aprovechó para ligar verónicas muy desmayadas. Con la muleta logró conectar con el tendido a partir que se ajustó al torear con la muleta en tandas por el pitón derecho. No estuvo fino con el acero y se privó de cortar un trofeo. El toro recibió palmas en el arrastre.
Gonzalo Caballero recibió al tercer astado con templados lances a pies juntos e impactó a la asistencia. Con la muleta generó intensidad desde el primer pase. Se embraguetó con entrega para eslabonar un trasteo vibrante en el que no estuvo exento de ser prendido, pero regresó a torear con mayor convicción. Se trató de una faena corta pues se tiró sobre el morrillo cuando el ejemplar se lo pidió pero resultó encunado y luego prendido. Regresó a la cara del astado y se lanzó a despacharlo de nueva cuenta para dejar una estocada entera y con fuerte petición, se le concedió la oreja. El último toro, tuvo menos transmisión por lo que el coleta hispano tuvo que realizar una labor meritoria para estar por encima del burel y no perder la atención de los aficionados. Cuajó tandas de calidad y calado por ambos pitones en los que se desempeñó con variedad. Puso punto final de pinchazo arriba y un golpe de descabello. Palmas.
FICHA
TEXCOCO, ESTADO DE MÉXICO
PLAZA SILVERIO PÉREZ
DOMINGO 7 DE ABRIL. Un tercio de entrada en tarde cálida pero ventosa. TOROS DE GÓMEZ VALLE, bien presentados y de juego diverso, palmas en el arrastre para el quinto.
JOSÉ MAURICIO (paja y oro):
Oreja y oreja
SERGIO FLORES (marino y oro): palmas tras aviso en ambos.
GONZALO CABALLERO (canela y oro): Oreja y palmas.
INCIDENCIAS: gran puyazo de El “Miura” que saludó, así como el banderillero Fernando García hijo.
TP/ Ángel Sainos
TP/José Antonio Luna Alarcón
Domingo 31 marzo.-En el mundo del toreo pasa lo mismo. Veíamos en clase una parte de la película Apocalypto, que dirigió Mel Gibson. Por si no la han visto, trata de un enfrentamiento entre tribus indígenas de la Centroamérica precortesiana. La cinta incluye una buena dosis de flechazos, lanzazos, degüellos y sacrificios humanos, sangre y crueldad en dosis abundante, sin que ninguno de los estudiantes se conmoviera ni dijera nada. Eso, hasta la escena en que el protagonista huyendo de sus contrarios en medio del bosque tropical, escapa a toda carrera de un jaguar con el que por mala suerte se ha topado, cuando uno de sus enemigos que lo persiguen, por la ambición de alcanzarlo, no se percata de que la fiera tiene las mismas intenciones y se pone entre los dos. Desde luego, la jaguar -era una hembra criando un cachorro- se está aplicando en hacer añicos al guerrero atrapado, cuando llegan los compañeros de éste y la matan con sus lanzas. Entonces, sí que hubo comentarios, ¡pobrecita!, ¡no se vale!, ¡qué poca…! se escuchó sobresalir por encima del murmullo de lamentos estudiantiles.
Tiene huevos, pensé -aunque no lo dije, un profesor tiene prohibidas ciertas expresiones por más que le bailen en la punta de la lengua-, lo que sí reproché fue lo siguiente: En la pantalla han visto morir a muchos guerreros y no dijeron nada, pero con lo de la jaguar, hubo conmoción sentimental.
En la alrevesada actualidad, pasa lo mismo con lo que suscita la tauromaquia. La gente se lamenta del maltrato animal, pero no de que un toro le quite los pies del suelo a un torero clavando en su muslo treinta centímetros de cuerno. Por razones así, sugiero que es tiempo de modernizar las reglas del toreo y hay que hacerlo pronto. Cosas como las que plantean el veterinario Julio Fernández Sanz y el biólogo Fernando Gil Cabrera, en su texto “¿Cómo adecuaría la lidia al siglo XXI?”, galardonado con el premio Doctor Zumel.
Los dos científicos proponen treinta y una medidas que modifican tanto la lidia, como algunos avíos y la manera de premiar las faenas. Por ejemplo, ellos optan por modificar la puya a una de cuatro aristas, que apenas provoca una muy leve sangría. Al defender su planteamiento, sostienen que lo de sangrar a los toros para restarles poder, es un mito y defienden que lo que desgasta al cornúpeta en la suerte de varas, es empujar al caballo. También, proponen un estoque más ancho, con la punta redondeada y con el filo extendido un poco más de lo que llevan los actuales. Así, la agonía del toro sería muy breve y se evita el espectáculo ofensor para muchos, incluidos los buenos aficionados, de un toro que no dobla porque está muy herido, pero no lo suficiente para desplomarse pronto.
Nos hemos vuelto sensibleros y ya no toleramos que la gallina o el cerdo que vamos a comer, se mate en el patio trasero. Veladamente creemos que pechugas y filetes se elaboran en fábricas asépticas. En nuestro tiempo, la sangre, la muerte y el sufrimiento son cosas de muy mal gusto. Los autores del texto premiado afirman que, en proporción, un toro muy picado de manera tradicional, pierde menos sangre que la que se extrae a un ser humano cuando hace una donación. Sin embargo, la gente posmoderna compasiva con los animales hasta el colmo, se alarma, lo lamenta y se encrespa: “La tortura no es arte ni cultura”.
Está bien modernizar a la fiesta y que se adapte a los tiempos que corren. Si yo fuera toro, preferiría morir en el ruedo que en los sórdidos y malolientes pasillos de un rastro, pero hay tardes, de pinchazos, descabellos y la madre que los parió, que la sangre quema, no la del animal herido, sino la que le corre a uno por las venas.