Daniela Díaz de León
Fotos: Mónica Jiménez Sequeiros
- El frances Castella hizo vibrar en momentos a los espectadores
Domingo 29 de enero 2017.- A partir de las 3:30 pm las puertas de la Plaza México ya estaban llenas de aficionados esperando para lo que pintaba una buena tarde; con un rejoneador y tres matadores, la segunda corrida del 2017 consiguió una gran entrada.
El primer toro de que salió al ruedo fue de la ganadería “El Vergel”, que correspondió a Jorge Hernández Garate quien hizo un gran esfuerzo, logrando algunos pases que emocionaron al público, sin embargo el jinete no logró conectar con la afición y el astado tampoco se mostró sobresaliente; dándole muerte con una estocada trasera el rejoneador no fue merecedor más que de algunas palmas en las butacas.
Sebastián Castella fue bien recibido por los presentes y el francés demostró el porqué es apreciado por los mexicanos, ya que en sus dos turnos hizo grandes faenas. Entre naturales, derechazos y buenos remates hacía vibrar al embudo de Insurgentes; los espectadores se emocionaban de pase en pase, aunque se escuchaban algunas protestas en los tendidos por las faenas tan largas de Castella.
Al momento de tirarse a matar no tuvo suerte en ninguna de las dos oportunidades, e incluso en su segunda estocada perforó pulmón; sin embargo el espada fue premiado con dos apéndices –algo protestadas- que lo sacaron por la puerta grande.
Octavio García “El Payo” sacó la casta en sus faenas, completando pases que arrancaron algunos “olé” de la afición, mostró gran esfuerzo por lograr una buena tarde, a pesar de ello los toros de la ganadería “Los Encinos” no le permitieron concretar. Con la espada el queretano no lució, pinchando y matando con medias estocadas, dejando a los presentes con un sabor agridulce de su presentación.
Por su parte Andrés Roca Rey tuvo mala suerte en el sorteo y en su primer turno, el animal no acudía al engaño; sin dejarle oportunidad de nada el peruano optó por darle una muerte rápida, con una gran estocada que emocionó bastante al público, por lo que obtuvo una oreja. La suerte no cambió su segunda oportunidad, así que nuevamente mato rápidamente al toro y a petición de la afición regaló un octavo toro, que tampoco resultó favorable para el matador.














