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Un coleta-inventor…(Opinión)

Autor: José Antonio Luna (Colaboración especial)

Lunes 31 de julio de 2017.- Entrados en el camino de la alevosía, aquí le vamos al trapo como un victorino bueno a la muleta de El Cid. Ya se sabe, si los bovinos de lidia pudieran hacerlo, tendrían que preocuparse más de los taurinos que de los antis, porque la gente del toro, en su afán de saquear la fiesta, les hace más daño, que los otros cuando se desnudan, se untan salsa de tomate y antes de irse a zampar unos filetes, se ponen a gritar consignas pro defensa de la vida de los toros, que en realidad, son un acelerador hacia la desaparición de la especie.

De lo que les quiero hablar, es de enmendar la ruta.  Del camino que conduce a la suerte de varas como el aspecto crucial del futuro de la fiesta de los toros. En la actualidad, existen dos vertientes para llevarla a cabo. La pica de los camotes taurinos que son suaves y débiles, -tan del gusto de los diestros españoles que vienen a ser la América plan todo incluido-  debe hacerse apenas arañando la piel del cornúpeta una sola vez y a otra cosa muchachos. Con ello, se da al traste con la parte más recia de la lidia, la lanzada, y con la más vistosa de este tercio, es decir, la de los quites.

Por otro lado, están los puyazos que se les pegan a los toros bravos con edad y cuajo. En ese caso, el picador piensa que en lugar de a caballo va en un tanque y que en vez de una puya, tiene en la mano una ametralladora pesada Browning, y se ensaña brutalmente en contra del toro. Le pega tan fuerte, que tras ser separado del peto, el animal se queda parado y con un rebozo de sangre que encharca el suelo bajo las pezuñas. Adiós, a cualquier ilusión.

Si queremos que la anacrónica tauromaquia se salve, los aficionados a las corridas debemos entender que el eje central de la lidia es el tercio de varas y hay que defenderlo contra todo y contra todos, en especial -me da risa acompañada de un cólico intestinal- de los toreros.

Escribo sobre este punto por dos razones. La primera es que mi amigo Arturo Carvajal, me ha enviado la dirección electrónica de un video en el que se muestra una puya modificada que daña menos a los toros. La segunda es que mañana voy a Santa Ana Chiautempan, en el estado de Tlaxcala, a ver una señora corrida de toros de la ganadería de Tenexac, que son bravos y fuertes y que según la experiencia, serán aminorados de manera brutal en la suerte de varas.

El video es una grabación del programa Tendido Cero, en el que los comentaristas Belén Plaza y Federico Arnás, nos hablan de un puya creada por el matador de toros valenciano, Manolo Sales, que ha inventado cosas de gran utilidad para la lidia contemporánea, ejemplo, las banderillas retráctiles que se pliegan y evitan accidentes de gravedad como sucedía antes, cuando las jaras quedaban enhiestas. Por cierto, hace años, una banderilla en ese estado se le clavó en el cuello al matador Miguel Espinoza Armillita.

Ahora, el coleta-inventor ha ideado una puya que de ser aprobada, mejorará radicalmente el tercio de varas. El artilugio facilita la rectificación cuando el picador prende al toro en mal sitio, además de que, al no tener el tope después de la almendra, evita un castigo excesivo, no confundir con la cruceta que sí conserva. Por otra parte, Sales ha indicado que esta nueva puya ahorma la cabeza de los toros, con lo que se obtienen embestidas por lo bajo, es decir, de mejor calidad.

Todo está en que los intereses alevosos de los protagonistas actuales accedan a un tercio de varas más emocionante y con la bizarría de antaño, con una puya que mermará lo justo los ímpetus del toro. Claro que para ello, habrá que tener los arrestos para aguantar un animal con mejor movilidad y con más posibilidades de herir al diestro.

Qué leal y cuanta carga de toreo verdad sería eso. Pero, no se hagan muchas ilusiones y más bien, échenle huevos. El invento, de demostrar su funcionalidad, será aprobado en España. Aquí en México, seguiremos con la leona que para eso este país es singular y polimorfo, donde toda trampa y corruptela tienen su asiento y su paraíso, y donde lo chueco crece como lechugas en invernadero. No, si el problema no son los antis, el problema son los pro. Uno no sabe si reír o llorar a moco tendido.

El emblema de la hazaña…(Opinión)

Autor: José Antonio Luna (Colaboración especial)

Martes 25 de julio de 2017.- En el mundo, son contadas con los dedos de una mano las plazas de toros en que los espectadores se han jugado la vida, poniendo los riñones delante de los pitacos, antes de sentarse en la grada para ver lidiar a los merengues que por la mañana los han perseguido. Si algo tiene Pamplona en julio, es que contagia su sentido del valor y de la hazaña. Con ello quiero decir, que sabe mucho a gesta lo que hacen los mozos que corren el encierro. Jugarse la vida a cara o cruz sólo por el gusto de vencer el propio desafío tiene su magia. La mayor virtud de la emoción es que contiene una saludable dosis de incertidumbre y hay algunos atrevimientos que limpian la vulgaridad de la vida.

Aventureros extremos seguidores de una añeja tradición, algunos son héroes anónimos, mozos que de pronto se encuentran en la encrucijada entre seguir corriendo o dar vuelta para auxiliar al compañero que en el suelo, presa de un toro cornalón, recibe tarascadas por docena. Hombres que se acercan al borde mismo de la cornada para arrebatarle, arrastrándolo de los pies, al tipo con el que el morlaco está ensañado.

Por gente como esta, en Pamplona los toreros llegan a la arena con el listón de la gesta colocado en lo más alto. Todo el elenco que se apunta a al coso de La Misericordia sabe de antemano que la tarde se va a poner color de hormiga. Bovinos enormes con cabezas para adornar cantinas y, ante el drama de la vida y la muerte que se dirime en el ruedo, las peñas de sol se la pasan cantando y bailando.

En los recientes sanfermines, ha habido un torero valiente que destaca entre el grupo de valientes. Rafaelillo está acostumbrado a tragar gordo y lo ha conseguido, se fue a hombros después de nueve años de no hacerlo en ese edificio taurino. Este héroe de la tauromaquia contemporánea tiene doctorado en la lidia de pupilos de Zahariche, lleva dieciocho miuras en la plaza pamplonica. Oreja en el primero, un caballón cárdeno oscuro, paliabierto, que acomodó la cabeza en los naturales. En cambio, el cuarto era un toro negro, bragado y que se quedaba a medio pase buscando el cuerpo del matador. El especialista en tragos amargos empezó a aplicar toda su ciencia con una lidia sobre piernas, doblándose y tocando a pitón contrario para destroncar. Cuando consideró que podría robarle algunos pases esporádicos le pegó un molinete, quiso repetir la hazaña y ¡toma ya!, pequeño detalle, olvidó que los toros de don Eduardo y don Antonio piensan más que un filósofo, por lo que cuando Rafaelillo pretendía pasarlo para enredarse en la muleta, ya tenía al barbas enfrente y a volar alto y violento. El sentón fue memorable, de esos que dejan la columna vertebral haciendo tilín, tilán. Sin embargo, el diestro de Murcia se recuperó pronto y volvió a la carga sin chaleco y chaquetilla. Toreo con el Credo hipotecado en los labios y de una estocada despachó al miureño. Así, consiguió que los dioses le guiñaran el ojo y que los aficionados lo sacaran a hombros.

La ciudad de San Fermín y de Ernesto Hemingway hizo de su tradición la parte más cosmopolita y vigorosa de la tauromaquia, además, a algunos toreros valientes que llegan allá, como este Rafaelillo tan bravo como un tejón, les permite colgar en su palmarés el emblema de la hazaña.

Carlos, conmigo cuentas…(Opinión)

Autor: José Antonio Luna (Colaboración Especial)

Sábado 15 de julio de 2017.- Hay que empezar ahora, bajo la afirmación de que hoy es el mejor día para plantar el árbol que no se ha sembrado, estamos comprometidos a espabilar de inmediato. Más vale tarde que nunca, cuánto conformismo y que poca madre, nos llevan al baile y todavía aplaudimos. Es que, de verdad, no podemos seguir tolerando tanta sinvergüenzada. Se preguntarán que de qué voy, y ahora les cuento. Me ha escrito mi amigo Carlos Hernández González, mejor conocido como Carlos Pavón, que es torero, ganadero, pintor y escritor, para decirme que es tiempo de detener todas las barbaridades con las que la gente del toro le zumba a la fiesta, o sea, con el espíritu caritativo similar al que los policías emplean para darle de palos a un manifestante. Es momento de exigir cambios, y apuntar los cañones justicieros hacia el tema siempre evadido y tomado a la ligera, del exagerado tamaño de la puya mexicana.

Así que con las cosas que han pasado, entre otras, el palo seco a las filas de la novillería, que se lleva de paso al toreo verdad y a los buenos aficionados, estoy hablando del cierre de Cinco Villas, sumado el retiro del matador Ricardo Frausto -¡oh! ¡oh!, piedrita en los cojones de los dirigentes de la Asociación Nacional de Matadores de Toros y Novillos, Rejoneadores y similares-  que desesperado porque los trust taurinos -el extranjerismo me saca alergia, pero más la imprecisión del lenguaje, porque debí escribir las mafias taurinas- no le dejaron un resquicio y se tuvo que marchar porque no toreaba nunca, mientras coletas tramposos y amafiados le encontraron el hilo a la hebra y lo hacen muy seguido, está, también, lo de la puya mexicana que es más ancha y larga por algunos milímetros que la española, para picar toros menos aparatosos y sin haber llegado a la edad adulta, como los de la península. Eso, sin contar que en casi todas las corridas se comete la felonía de arreglarles su asunto con “la leona”, que es una puya todavía mayúscula.

¡Qué vergüenza!, pero, así están las cosas. Al toro de México que, además de que es menos hondo que el español y que, por lo general, se lidia con tres años, se le ponen puyazos de diez megatones.

Me sumo a la campaña pro reducción de la puya que ha emprendido Carlos Pavón. ¡Basta ya de trampas!. Debemos darle la importancia que merece el primer tercio, hacerlo implica procurárselo al resto de la lidia. Un toro bien picado se templa sin perder su fuerza y la faena crece en emoción y belleza. Señores ganaderos, siempre será un misterio el porqué ustedes han disimulado esta alevosía.

Es una pesadumbre acudir a corridas de toros realmente bravos y que uno los ha visto espléndidos en el campo, que cuando saltan a la arena, parece que van para rejones de cómo les han manipulado los cuernos y sobre todo, que al momento del encontronazo con el peto, los picadores los maten con unos puyazos formidables y repetitivos como bombardero gabacho en orfelinato sirio. Y luego, es ofensivo observar que el matador, cínico por demás, señalé al morlaco como justificando que no nos puede deleitar con su enorme arte, porque éste se ha quedado parado. “¡Pues, ¿cómo no?, maestro!, si fue lo que usted ordenó al del jamelgo”.

Otra acción que nos corresponde demandar, es que los matadores abandonen la zona de confort y que en las ocasiones que les incumban, vayan y hagan el quite.  ¡Alto ya! a las palmaditas en las pompis que se dan unos a otros, queremos que desde ahora, salgan a arrebatarse las palmas como manda la tradición.

Si aspiramos a que la fiesta sobreviva y se recupere, y que las corridas se den de una manera digna y leal, somos nosotros, los aficionados, los que debemos tomar cartas en el asunto, bronca fenomenal a la joven sardina y que no cese al primer farol de rodillas, abucheo al facineroso que se pavonea frente a ella y adhesión a aquellos que están pidiendo se achique la puya. Eso, sería defender la fiesta. Carlos, conmigo cuentas.

Absurdos y despropósitos…(Opinión)

Martes 11 de julio de 2017.- A ojo de pájaro parece simple estupidez sindical. Pero fijándose bien, uno se percata que la carga es de encono, vileza y sobre todo, de mediocridad, auspiciada, ¡claro! por nuestro silencio cómplice, quiero decir, el de nosotros los aficionados. Somos pertinaces, entre todos ya casi logramos romperle los cuernos para siempre a esa mujer apaleada, miserable y tambaleante que se llama tauromaquia mexicana. En este linchamiento cada quien desde su sitio, tira golpes bien puestos. Y en esta tierra, linchar es un deporte nacional.

Cualquiera con un poquito de visión supo desde el principio que el toreo verdad no duraría mucho. Como se veía venir se dio la última novillada en Cinco Villas. El empresario agotado por la presión continua de la gente del toro y sus agrupaciones –increíble, el absurdo es apabullante-  anunció que no dará ni una novillada más y al carajo. Esta última palabra no la dijo él, pero el que escribe la considera imprescindible.
Para los que no lo sepan, Cinco Villas es una plaza en el interior de una propiedad particular, que fue construida con el objetivo de dar novilladas y festivales. Además, no se edificó ni se administró con fines de lucro, sino como apoyo a un orfelinato y por supuesto, con un enorme amor por la fiesta de toros.
Dentro de las virtudes de la empresa de Cinco Villas está que sus novilladas se dieron pugnando por la verdad. Es decir, con animales en edad reglamentaria y con los pitones intactos. O sea que era un oasis en el abrasador desierto que nos ha dejado la corrupción y la pequeñez taurina mexicana. Por regla muy general, en este país, las corridas de toros se dan con novillos, las novilladas con erales y las becerradas no existen porque la Sociedad Protectora de Animales pondría el grito en el cielo, si a algún mozalbete vestido de luces se le ocurriera meterle una estocada al buen “Pluto” o al “Snoopy”, después de que hubieran ido al trapo moviendo la cola de felicidad.
El empresario don Luis Marco Sirvent ha acusado a la Asociación Nacional de Matadores de Toros y Novillos de haberlos amenazado con vetarlos por anunciar a dos coletas extranjeros y a un mexicano. Ya se sabe que la tarea de esa agrupación es fomentar la mediocridad, defendiendo una baraja de toreros en su mayoría impresentables. Se imaginan si tuviéramos un sindicato mexicano de pilotos de fórmula uno, el Gran Premio sería como un embotellamiento en el periférico. O en la analogía con la música que el mismo empresario hizo, si fuera necesario, por decir algo, que en la próxima visita de Bono y U2, sea necesario que alterne con Julión Álvarez y su grupo Norteño banda, ¡jujujuy! “…siempre me pasa lo mismo/ lo doy todo y no valoras…”
También se quejó de las autoridades, asunto que no es de extrañar. La incompetencia y corrupción de los gobiernos mexicanos no son ninguna novedad.
Acto seguido, acuso a los ganaderos. A cualquiera le cuesta trabajo comprender esa parte, pero es que este país posee un surrealismo que Andre Bretón –no es de Huamantla, les ahorro el que traten de ubicarlo- quedaría asombrado. Sin haber una figura del toreo, es inconcebible que no manden los ganaderos, y que además, tengan que estar mendigando que les anuncien sus toros y sumisos acepten las condiciones becerriles que les imponen las infanterías. Sin olvidar que siempre hay justos en Sodoma, se salvan algunos que sí corrieron sus novillos en la arena de Cinco Villas. Me dirán –todo es posible en los tiempos de decadencia- que como figura de México está Joselito Adame, un torero con más personalidades que Sybil, en su patria adopta la de becerrista, la de maestro de obra con pinzas y alambre, y en España, la de un torero, más o menos, serio. Y sí, el señor Sirvent, también lo acusó a él, por cerrar el paso a otros toreros, afirmo yo, que no sean sus hermanos.
Como dijo Rafael El Gallo al filósofo: “hay gente para todo”, incluso, individuos que comen del toro y que quieren erradicar a la tauromaquia con el entusiasmo y el fanatismo del más delirante de los antitaurinos. Es que cada quien se conforma con lo que medra mientras se pueda y por lo demás, que se la cargue el payaso.
Obstaculizar a una de las poquísimas plazas que da novilladas y de la que podría salir un matador de verdaderos toros, es un despropósito. A la fecha, se han dado doce novilladas menos que el año pasado. Pero en el toreo mexicano cualquier disparate es lo más natural del mundo. La Asociación Nacional de Matadores de Toros y Novillos parece que está presidida por Peter Janssen.
Nadie hace nada y a los que se esfuerzan, se les mete el pie. Teoría de la cubeta de cangrejos. Por el momento, la Porra México propone cosas más urgentes como crear el Día internacional de la tauromaquia y del orgullo del aficionado a la fiesta brava, será para recordarla cuando ya no quede nada. De verdad, aquí el absurdo no tiene límites.

Fulgores de la memoria…(Opinión)

Autor: José Antonio Luna (Colaboración especial)

A Isabel y a Francisco,

corazones entrañables y compañeros de nostalgia.

“El toro herido es un bajel errante de proceloso viento combatido, ya cortando el tumulto enfurecido van por la proa las puntas adelante”.

José Pérez de Montoro

Martes 04 de julio de 2017.- Sí, lo sé. Dirán ustedes que a buena hora viene a salir Luna con un artículo de fondo sobre algo que pasó hace un mes. La situación es que hubo otros acontecimientos que tratar –uno de ellos, inmensamente doloroso- y además, el tiempo corre muy de prisa. Con todo, nadie que la haya visto podrá olvidarla. El recuerdo de la tarde encantadora se alarga y la memoria se despierta en imágenes emocionantes. No, no quiero pasarla por alto. Así que aquí me tienen, escribiendo acerca de una de las corridas más conmovedoras y bellas que he visto en mi vida.

El escenario, desde luego, tuvo que ser la plaza de Las Ventas. No hay otro edificio taurino en el mundo que se compare en belleza, y no me refiero a la arquitectónica que el coso de Madrid la tiene mucha, sino a su espíritu encarnado en un graderío lleno de murmullos, a veces de silencios y casi siempre, desgajando la atmósfera ritual con los gritos de los inconformes. Nada se asemeja a su esplendor cuando el sol de los primeros días de junio barniza el tendido y aviva los colores de su público expectante.

Pero lo cierto, es que en una corrida no hay nada más hermoso que el toro. Es incomparable la emoción de verlo salir como un rayo de luz del oscuro laberinto que desemboca en la puerta de toriles. La corrida de la que estoy hablando es la de Rehuelga. Santacolomas en la rama de Buendía hechos bravura, seriedad y trapío. Sólo cinco de los seis ejemplares aprobaron el reconocimiento veterinario, eso lo lamentamos. Todos, bien armados y astifinos, cinqueños de gran calado y dos rebasaron los seiscientos kilos. Ninguno abrió el hocico de cansancio, así que al carajo con la teoría de que los toros grandes no sirven para la lidia.

Los fulgores de la memoria se patinan de emoción y de nostalgia. Los puedo ver uno a uno. A los que se hicieron presentes al galope rasgando el viento con sus pitones y rematando en los burladeros. Y también, al cárdeno que salió al paso y que nos hizo exclamar con alguna desilusión: “Qué raro, nunca había yo visto esto”, pero que en realidad, era un señor recorriendo un gran trecho de los bordes del altar de los sacrificios antes de romper en acometidas furiosas. Los toros fueron los dueños del espectáculo. Fijos, serios, puestos de largo para el puyazo -algunos casi en los medios- las orejas firmes apuntando al caballo y en cuanto los citaba el picador de turno, adelantaban el morro en dirección al desafío, partiendo como flechas, para meter la cabeza bajo el estribo y fieros romanear encastados.

La tarde no fue de triunfos, pero los matices dan la belleza. Alberto Aguilar, vestido de rosa y oro, vislumbró lo que valía el quinto, un torazo que fue puesto tres veces al caballo y en todas se arrancó alegre desde los medios. Después, en el último tercio, sobre la arena se vivió la tragedia taurina, no la de la cornada, sino la de la vocación dolida, que es más hiriente. El diestro se desfondaba de empeño, pero en su ser torero ya no quedaba nada y no pudo alcanzar las alturas del toro. Luego, para decirle adiós, le largó unos ayudados por bajo y un pase de pecho enredándose de toro que sacó brillo al cielo naranja y púrpura. Nuestra memoria vehemente agradeció la belleza cristalina y tuvimos la convicción cierta de que no hay nada más bello en el mundo, que el drama del toreo.

A Pérez Mota, tabaco y oro, con tercero y sexto le pasó casi lo mismo, sólo que sus merengues fueron aún más nobles y tenían mucho más recorrido. El esfuerzo del coleta era sublime, pero no alcanzó las honduras que tenían el toro. Por su parte, Robleño, grana y azabache, ni quiso ni pudo. Con el desaliento de los valientes toreros y su amargura al ver rebasada la competencia, la tarde se pintó de melancolía.

Al final, en la puerta de arrastre, me presentaron a un aficionado mexicano que exaltado aseguraba:”¡Hoy, Madrid se mexicanizó!”. Lo decía por la embestida asaltillada de los cárdenos. ¡No!, ¡piedad!, espero que eso no pase nunca, porque el día que Madrid se mexicanice, a los aficionados a los toros no nos quedará ya nada. Si no, miren ustedes la felonía que le están haciendo a la empresa de Cinco Villas. Pero, ya ven, estoy contaminando este texto que pretendía lírica pureza y no vale la pena.

La corrida de Rehuelga es un tesoro en la memoria, si quieren, con todo y que algún toro fuera soso y que los matadores hayan naufragado en la playa del desastre. Sin embargo, de tardes como la del siete de junio en Madrid, uno sale del tendido levitando, delirante y al regalarnos la vida inesperados besos en la boca, pensamos de ella que es linda y coqueta.

En modo verbal…(Opinión)

José Antonio Luna / Tauropasión

Viernes 26 de mayo de 2017.- Se recrea, se crece, se adueña, se reinventa, se agiganta, se consagra. Sí, es cierto, este comienzo es una copia por lo menos en la concepción de la idea, del poema Doce, de Oliverio Girondo, en el que todos los versos se construyen con verbos en modo reflexivo. Es que uno ve torear a Antonio Ferrera y dan ganas de enumerar todas las acciones que construyen sus lances y sus pases. Su tauromaquia reciente, es decir, la de después de la convalecencia de la fractura, cumple con todas las características atribuidas al verbo. Al igual que la categoría verbal, el toreo Ferrerista expresa acción y movimiento, existencia, consecución, condición y estado del sujeto. Sí, el estado de gracia.

En la feria de Sevilla tuvo intervenciones brillantes. Se fajó con dos toros de gran calado, aguantó los tornillazos secos, exprimió hasta el último pase y, por si faltara, fue variado, interesante y muy emotivo. Ferrera es un torero a carta cabal que se atreve, se expresa, se prueba, se supera, se sublima.

En su primera intervención en la Feria de San Isidro de este año, el torero de Villafranca del Guadiana  ha dejado muy en claro su magistral madurez, es que el torerito valiente se ha transfigurado en un maestro amante de lo exquisito. Ahora, no sólo durante sus turnos, sino toda la tarde, el matador se dedica a dictar cátedras de torería. Tras lo imaginativo de su capote está su toreo clásico que recoge honores. Tiene aroma su andar por el ruedo y sapiencia al irse del toro. Antonio Ferrara acude al rescate de una tauromaquia que se estaba ahogando en lo trivial y en la pereza de casi todos sus rutinarios compañeros. Después del percance, volvió para rescatar viejas usanzas, cosas que nunca se debieron dejar en el olvido, como el muy bello y torerísima ejercicio de ir él mismo y atravesar su capa entre el toro y el peto, para llevárselo envuelto en las alegrías de un galleo, unas mariposas o a vuelos amarillos y rosas de gaoneras de quite verdadero y no simulado. Si en banderillas es emocionante hasta el grito, con la muleta es un clásico para paladares delicados.

Me gusta ir descubriendo toreros y sumarlos a mi baraja de predilectos. Si yo fuera el dios del toreo, es decir, si yo fuera Simón Casas, confeccionaría una feria al igual que un niño construye su juego, o sea, con toda la seriedad y la inocencia del mundo. Pondría sólo a las ganaderías que tienen movilidad y bravura como características primigenias, y anunciaría sólo a toreros de categoría superior, esos que pueden bordar una faena desde la entereza del verdadero toro, como Paco Ureña, Fernando Robleño, David Mora y por supuesto, Antonio Ferrera. A los del G-5 los pondría en tardes de relleno y sólo como cortesía a los públicos que aman lo suave y lo bonito.

Revelación de torero para toreros, si algún coleta quiere ser gente que tome nota. La cátedra de Madrid fue dictada bajo el siguiente temario: Citar dejándose ver, traerse al toro embebido en la muleta, cargar la suerte y ligar los pases.  Los requisitos impuestos a los aspirantes son, entre otros, tener el corazón muy templado, comprensión de los terrenos, conocimiento a fondo de las suertes, reverenciar al pasado, amar el toreo puro, tener la imaginación despierta y -esto es imprescindible- poseer el valor de un soldado de Esparta.

Por eso digo a la manera “girondesca”, el profesor de lidia completa Antonio Ferrera está dictando cátedra y cada tarde se apodera, se crece, se adueña, se reinventa, se agiganta, se entroniza y se consagra.

Linchamientos y barbaridades…(Opinión)

José Antonio Luna / Tauropasión

Sábado 20 de mayo de 2017.- La foto será de mis preferidas y por tanto, la tendré a la mano como inspiración en esos momentos en que se pierde una batalla y como consecuencia, en torno empiezan a dar vueltas hienas, buitres, chacales y toda esa fauna carroñera que abunda a nuestro alrededor y se hace presente cuando la existencia se pone jodida. La imagen fue tomada en la corrida del día de San Isidro y en ella aparece David Mora que con la frente en alto y la dignidad de un dios caído, contempla como transcurre el tiempo -otro dios, éste implacable- mientras el diestro sumido en la impotencia, con la espada de descabellar en una mano y la muleta en la otra, espera a que el tercer clarinazo dejé patente su fracaso en la feria taurina más importante del mundo.

En aquel momento, el tendido estaba a punto de pifostio categoría plaza de Las Ventas y algunos aficionados se encontraban tan candentes que se podían asar chiles en sus espaldas. Ya se habían caldeado desde el segundo bocinazo y tenían prisa porque sonara el tercero, es decir, el definitivo para que el toro regresara vivo al corral y entonces, dar comienzo al festín con picadillo de torero. Así es la condición humana a la que además, en la plaza de toros, hay que sumarle el purismo a ultranza que deviene en indignación potenciada al cuadrado. Si alguien se desbalancea, vileza obliga, hay que empujarlo para que se dé en los dientes lo más duro posible.

David Mora no atinaba en la almendra, o sea, en el bulbo raquídeo que al recibir la puntilla de la espada de descabellar, desconecta el sistema nervioso del toro y lo desploma. La suerte de descabellar no es más que un recurso de muy poco calado, pero los fariseos ya se rasgaban las vestiduras.

En otra corrida del mismo serial, a Paco Ureña un colorado le arrebató el capote y alcanzándolo, lo planchó contra la barrera haciendo cisco una rodilla y un empeine. En el rostro color de aceituna que lucía el coleta, se notaba que el dolor era muy intenso, a pesar de ello, se sobrepuso y como pudo continuó la lidia. En pago por su entrega, la afición no le agradeció nada y al contrario, muchos espectadores se pusieron de uñas pegándole una silbatina.

A mí me gusta la bronca cuando estalla incontenible, épica, insurrecta y se arma un jaleo del carajo, porque un bicho anunciado como toro es un becerro o le han dado serruchito de manera más que notoria, es que en la actualidad, es un hecho que antes de salir al ruedo los toros pasan a la peluquería y lo que ahora indigna al público –no a todos, sólo a los más despiertos- no es que los pitones se manipulen, sino que se note que han sido recortados. Me sumo a la bronca muy dispuesto cuando un espada se pasa de listo tirándose a matar abajo. En pocas palabras, creo que el público tiene derecho a recordar a la madre que parió al bribón, sea este un empresario, un torero o un ganadero, pero no me incorporo al rebaño -ni lo haré nunca- para linchar moralmente, a una persona que ha tenido un fracaso y menos, si ha fracasado a pesar de su valeroso empeño.

En la corrida de los Toros de Parladé, David Mora nuevamente ha sido ajusticiado, porque a muchos no se les olvidará fácilmente lo del día quince y claman por sangre. El diestro de Borox ha cortado una oreja y dio la vuelta al ruedo entre los aplausos de unos y el silbar desmesurado de los implacables. A veces, es el morbo, otras es la envidia, lo que hace girar los engranes de la indignación.

Pues nada, imprimiré la foto para tenerla a mano cuando la vida tire tornillazos y yo me diga: tranquilo maestro, no te encrespes, ni blasfemes, piensa en tus súper héroes, los de verdad, que –ojo- no son todos los que hacen el paseíllo. Tranquilo mi Antonio, observa a Mora erguido y sereno, el rostro grave y sin la menor mueca de rencor, bajo la tormenta del griterío anónimo, de los insultos y de los cojines voladores. Míralo impávido y seguro de su enorme valor dando testimonio de su dignidad y de su vergüenza en lo más violento de la bronca. Piensa, también, es un ejemplo, en Paco Ureña hecho pedazos cumpliendo con su deber sin pedir tregua ni conmiseraciones. Piensa que el toreo es grandeza gracias a esos seres como estos que desde su circunstancia, se empeñan porque lo sea. Piensa y compara, que te sirva de modelo, que al fin y al cabo, en el ruedo de la vida, tú también vas bordando tu faena.

Como un tesoro…(opinión)

José Antonio Luna / Tauropasión

Lunes 27 de marzo de 2017.- Voy a ganarme una bronca con los del gremio, pero vale la pena. Indigna lo que la mayoría de los críticos taurinos de cierto renombre han hecho con la comparecencia de Piedras Negras en la Plaza México. Unos, pretendieron librarla sin comprometerse y callaron, en cambio, los otros, la emprendieron con un revisionismo que nunca han ejercido para juzgar al resto de los encierros. La tarde de los “piedrenegrinos” tuvo una enorme riqueza, empezando porque la afición, ávida de toros bravos, aplaudió en cuanto el monosabio del anuncio giró mostrando el nombre del mítico hierro.

Fueron seis cárdenos preciosos y de gran categoría. Toros que poseyeron en común, además de su bravura, la movilidad que tanta falta hace para emocionar y por tanto, devolver a los diletantes que se han ido de la grada aburridos hasta la médula de faenas intrascendentes. La media docena tuvo las hechuras clásicas de su encaste, por cierto muy finas. Todos entipados, y ya se sabe, el toro en tipo es una garantía para el torero y para el público.

Quienes, como el que firma este artículo, fuimos adentrados en el culto a la casta, a la bravura y a la belleza del verdadero toro, no podemos dejar de sentirnos ofendidos ante el silencio, los comentarios malintencionados, las aseveraciones ligeras y mucho más, ante la calumnia editada. Se los aseguro, cinco de los toros de Piedras Negras salieron bravos y requirieron de un esfuerzo extra por parte de su matador. Dos de ellos fueron de nota muy alta y propiciaron la estética con hondura. Por decir algo, no sé si los naturales de Antonio Romero han sido los más bellos de toda la temporada grande, lo que sí puedo afirmar es que son los más valiosos, porque estuvieron fincados en la verdad del toreo.

Tampoco es que se haya tenido que pagar una cuota de sangre. A nadie con tantito humanismo le gusta que hieran a un torero. Lo que pasa, es que ya se nos había olvidado que los toros de verdad pegan cornadas.

Por otra parte, es cierto, ninguno de los matadores estuvo a la altura del encierro. Es más, una vez muerto el quinto toro, se escuchó un grito a coro de una porra: “¡Ganadero.. cinco a cero!”, para señalar que el poder de los toros tlaxcaltecas tuvo supremacía sobre sus lidiadores. Evidentemente, pero, es de justicia decir que si en esta temporada ha habido un festejo en el que los coletas han acometido una hazaña, fue este. Si los maestros del toreo tuvieran un poco de vergüenza, se anotarían a un cartel con toros interesantes como estos.

¿Por qué la crítica se ensañó hasta llegar a la calumnia?. Cuando leo, escucho o veo las opiniones de algunos colegas, mi instinto de lobo que campa en solitario hace que me goteé el colmillo, hay gaznates que piden a gritos una tarascada. Nos quieren aguar la fiesta, pero no podrán. Con el gran gusto que deja una corrida seria, los que amamos la verdad de la fiesta llevamos en la memoria a los seis “piedrenegrinos”, incluido el sexto, porque, un manso en el encierro certifica la pureza de la raza.

Soy de los que pidieron al criador Marco Antonio González que diera la vuelta al ruedo, no como un reconocimiento al linaje y a la tradición de una de las cuatro casas fundadoras, sino porque pienso que lo merecía por su brava torada, que desde los primeros galopes brindó un espectáculo casi olvidado y que durante cada lidia nos devolvió la verdadera emoción del arte de Cúchares.

Así que, me planto. Digan lo que digan, la corrida de la corbata en la badana ha sido la más brava e interesante del serial. Lo aseguro por convicción y porque es cierto. Se los dice alguien que en el noble ejercicio de defender la verdad, ha tenido que soportar hasta que pobres diablos lo llamen “chalado”. Es que cuando a algunos se les pone el dedo en la supurante llaga de su indecencia, espetan lo de “chalado” como un analgésico que creen, aminorará su sufrimiento.

¿Quién habrá organizado la campaña del descrédito?, ¿los diestros que aman la dulzura y suavidad de los macarrones?, ¿los ganaderos que crían la macarronada?, ¿la empresa que no quiere exigencias de bravura?, ¿los amos del mundo que sueñan con partirle la madre a la Plaza México de una vez por todas? Igual, todos juntos. Son los golpes bajos, no importa. Para quienes amamos la emoción del toreo, siempre nos quedara Piedras Negras y su sangre regada en los hatos hijos de su casta, como un tesoro.

Un camino empedrado de pretextos…(Opinión)

Autor: José Antonio Luna (Colaboración)

Sábado 18 de marzo de 2017.- Le retiré el documento con la rapidez de un toro que en un derrote arranca la muleta a su matador. Examen parcial. Materia, Pensamiento crítico. Segunda pregunta: “Detalla cómo se construye la verdad”. Sobre el pupitre quedó la evidencia como una mancha de adobo en el vestido de una novia. Era un “acordeón” gigante o como dice el de la cadena gringa expendedora de hamburguesas: “tamaño mega doble, amigo”. En el papel estaban escritos y muy bien comprimidos todos los apuntes de lo que va del curso. Por su parte, en la hoja de examen, la respuesta número dos contundente y precisa lucía radiante: “La verdad se construye siendo honesto, congruente y diciéndola siempre, aún en perjuicio del que la expresa”.

Una vez desarmado de la sarga el estudiante, con los resabios adquiridos durante tanto corraleo, le tiré un derrote certero. El parte médico lo paso a ustedes ahorrándome los detalles: Cornada en el escroto de tres trayectorias, el diestro tardará en sanar lo que resta del curso.

Desde luego, al final del examen el muchacho se acercó a pedir disculpas y a poner más pretextos que una hija soltera embarazada. “¡Profe, se lo juro, sólo lo vi para acordarme de una palabra!”. Un día escribiré dos catálogos de excusas. El primero, se referirá a las que largan los estudiantes y el otro, al que enumeran los toreros cuando los interpela el que los entrevista.

Al educando sorprendido con las manos en la masa le gustaría tener la labia de muchos coletas, por ejemplo: “Le he tragado al toro, pero la gente ni se ha enterado”. Este argumento es muy socorrido cuando se torea con la punta de la muleta, la pierna de salida se pone un paso atrás y ¡claro!, así no se emociona nadie. Además, se puede complementar con una segunda explicación con más cinismo que la declaración de un político: “El toro no me ha dado la mínima opción, casi me he montado encima y la gente na’a”.

Una ocasión, en una pueblo perdido cuando el torerillo llegó a las trancas a dejar los avíos negándose a matar al marrajo descomunal que tenía enfrente, escuché que le decía a sus amigos uno de los argumentos más definitivos y conmovedores: “Yo, ni lo mató ni me le acerco, ¡en su mirada he visto cómo me coge y me zarandea!.” A ver, quién le exige a un maletilla al que el futuro se le ha develado en los ojos de un toro, que haga caso omiso y vaya, y encaje el pecho en un pitón. Sería no tener conmiseración ni entrañas.

Sin embargo, la Academia de la tauromaquia le ha otorgado la estatuilla de los pretextos a un torero mexicano que argumentó que no podía torear porque veía doble, “The Oscar goes to… Silverio Pérez”, cuando en España vio la temporada que hacían Arruza y Manolete con encierros preciosos, mientras a él, su apoderado le había conseguido corridas para matar toros viejos y destartalados. Mejor, se regresó a México diciendo que estaba enfermo de la vista y que veía las imágenes duplicadas. Lo que dio pie a que, en una recepción, cuando el mesero ofreció el último bocadillo, Cantinflas le dijera al diestro: “Compadre, yo tomó este y usted que ve doble, cómase el otro”.

Además, nunca se sabrá la verdad en la controversia generada cuando el mismo espada no pudo o no quiso debutar en Madrid, porque se cortó la mano y un médico lo declaró incapacitado por un tiempo para torear. No faltó crítico que dijera que se había lastimado a propósito.

Sobran los motivos para excusarse por haber hecho o dejado de hacer algo, sólo hace falta imaginación. Por cierto, se llama “acordeón” porque el papel, para que el profesor no lo vea, es doblado como el fuelle de ese instrumento musical. Por eso, en los exámenes nunca desparramo la vista y me toco con el menor movimiento. Estoy muy toreado por el derecho y por el izquierdo.

 

Risoterapia…(Opinión)

Autor: José Antonio Luna (Colaboración especial)

Sábado 04 de Marzo de 2017.- Mi risoterapeuta personal me recomienda enfocar la vida desde un ángulo positivo. ¡Basta ya mi Toño de ver las cosas del carajo!. Sí, Chucha y ¿cómo? si en este país lo del toreo es un esperpento inagotable de plaza en plaza y de arena en arena. Pero, bueno. Eso por un lado y por el otro, supongo que a ustedes lectores, ya los tendré hasta la coronilla de tanta denuncia del absurdo, así que, a partir de hoy me abstendré.

Lo prometo. Desde este día dejaré de ser un marginal del toreo, un aguafiestas al que nada le parece. Consentiré sin chistar las irregularidades, porque estas pasan a formar parte del paisaje y uno debe aceptarlas como la cosa más natural del mundo:

-La de México es otra fiesta, mi Toño, y si no te gusta, vete a vivir a la andanada de Las Ventas.

O como la enorme respuesta antes de terminar su conferencia, que me dio el matador Portillo, cuando fue líder sindical de los toreros, al cuestionarlo sobre el tamaño de la puya utilizada en México: “Señor, yo le recomiendo que si no le gusta, deje usted de ir a los toros”. Llevado por mi cándida afición, tardé en entender que estaba yo pidiendo al gato que defendiera a los ratones, pero el consejo era terapéutico. Si lo hubiera seguido a tiempo, ¡cuánto me hubiera ahorrado en sicólogos, risoterapias y omeprazoles!.

Nada, nunca es tarde, hoy enmiendo, vuelta a la hoja. Seré positivo y no caeré en la tentación de escribir, por decir algo, acerca del retorno a los ruedos del diestro Rafael Ortega. Como dijo el poeta, cada despedida encierra la posibilidad de un reencuentro. ¡Zotoluco, no tardes mucho!.  Por quererme reivindicar no les contaré que en Tlaxcala, la noche del regreso, el segundo toro de Ortega tenía estampa de becerro y los pitones parecía que pasaron por un aserradero, pero como explican algunos entendidos, los chiqueros de esa plaza son muy estrechos y durante el tiempo que están encerrados, los toros matan las horas serruchándose los pitacos.

Ahora, soy del club de los optimistas y me hago de la vista gorda. Por ello, tampoco les diré que el domingo en la Plaza México, la ganadería de La Estancia envío media docena de mulos descastados con estampa de novillos. Respiro hondo y pienso en algo alegre para no decirles que Ignacio Garibay, Arturo Macías y Fermín Rivera, a pesar de sus años de portar coleta, insistieron en conseguir el toreo bonito sin entender que a los bichos había que plantarles jeta lidiándolos por la cara, doblarse con ellos en cuatro o cinco trapazos y mandarlos al otro mundo sin más trámite que una estocada en todo lo alto.

Como parte de esta terapia voy a emprender acciones emergentes. Primero, dejaré de poner atención a la Plaza México y me dedicaré a los pueblos y ciudades pequeñas, donde los toreros se transforman y triunfan apoteósicamente semana a semana. Si no me creen, el lunes que quieran echen un vistazo a los portales taurinos: ¡Fulanito sale a hombros en Autlán!, ¡Morenito corta rabo en Chinconcuac!. O sea, esas sí son corridas triunfales que te alejan de toda frustración y te permiten desgañitarte a gritos de ¡torero, torero!.

Como segunda parte del remedio, veré la vida de manera positiva, “¡that’s the question!”, mi Shakespeare. ¡Aplicación de técnicas sicológicas de urgencia!, por ejemplo, durante el megapuyazo artero a un becerrete, cerraré los ojos y voy a imaginar que estoy en Arlés, o Vic-Fesenzac mirando una vara en todo lo alto y bien pegada a cargo del picador Gabin Rehabi a un toro de cinco años, cornalón y fuerte de Dolores Aguirre. Con esa estrategia, como una caldera suelta el vapor, yo dejaré escapar mi trauma.

Y como tercer paso, apelo a la indulgencia. Voy a alejarme de tanta severidad y veré las cosas con alegría. Quiero ser un espectador jovial y vivaracho, que se sume sin tanto juicio y con más ánimo. Incorporado a la tribu que ovaciona delirante, tendré un enfoque festivo. Adiós al marginal que sin comprender ni la magnitud de la obra ni lo descomunal del triunfo que acaba de ver, amargado y lleno de angustia vital, miraba receloso a sus vecinos pensando en la madre que los parió, mientras clamaba a los cielos: ¡Dios mío, envía a tu ángel exterminador!