Arturo Macías cierra el 2017 lleno de éxito

Redacción / Tauropasion

Foto: PAM

Sábado 30 de diciembre 2017.- Después de cortar dos orejas y rabo en Cosío, Aguascalientes, Arturo Macías cierra este 2017 lleno de triunfos que logró cosechar a lo largo y ancho del territorio nacional en todas las plazas que se presentó, y sobre todo con el cariño de la afición que siempre le demuestra en cada lugar donde a estado.

Macías, en este 2017 que está por terminar realizó el paseíllo en varias plazas de importancia en México y en el extranjero donde se alzó como triunfador y prácticamente casi en todas las plazas de primera que pisó cortó orejas en este año, estuvo en la Plaza de Toros México, Aguascalientes, León, Zacatecas, Pachuca, Monterrey, San Luis Potosí, Texcoco, Ciudad Juárez, entre otras, cabe destacar que fue el triunfador de los Carnavales; cortando 2 orejas en Autlán de la Grana a un toro de la ganadería de la Concepción y también indultó en Jalostotitlán, Jalisco, un toro de la dehesa de Pablo Moreno; que es el indulto número 19 de su carrera, todo esto en México, y fuera del país participo en un Festival incruento en Houston y también en una corrida en la Feria de Chota en Perú.

Es así, como Arturo cierra el 2017 con 32 festejos toreados, 28 orejas cortadas, 2 rabos y 1 indulto; quedando en el cuarto lugar del escalafón de matadores, sumando este año su aniversario número 12 de alternativa, y con 456 corridas toreadas durante su carrera como matador de toros.

Iniciará con el pie derecho el año 2018, puesto que comienza toreando el día 01 de enero en Jalpa, Zacatecas, un mano a mano con el queretano Octavio García “El Payo”, con toros de la ganadería de La Punta, y está anunciado para presentarse en la segunda parte de la temporada grande de la Plaza de Toros México el día 11 de febrero, al lado del rejoneador Andy Cartagena y el hidrocálido Leo Valadez con toros de Las Huertas para los de a pie y dos por designar para el rejoneador, y a la espera de que sean confirmadas más fechas.

Al respecto Macías comenta: “Este año 2017 ha sido para mi un año muy importante, ha sido un gran año donde he podido estar al nivel en varios toros del que yo quiero estar, ha sido un año marcado por una evolución en mi tauromaquia muy solida, muy buena, y sobretodo el cariño de la gente siempre ha sido un respaldo para mí por el cual les quiero agradecer siempre el apoyo y el creer en mí durante todo este año 2017. Y muy contento y muy ilusionado de empezar este 2018 toreando el día 01 de enero en Jalpa, abrir año y temporada ese día, y seguir esforzándome día a día para que sea un gran 2018”.

Para el arrastre…(opinión)

José Antonio Luna Alarcón /Tauropasion

Sábado 30 de diciembre 2017.- Fue tarde de una tristeza azul y cristalina. No había casi nadie en los tendidos. Es lógico, si ya no se pelean los boletos para ver José Tomás, menos dejarán el recalentado de la cena navideña para cambiarlo por un resfriado adquirido a conciencia en el cemento helado de la Plaza México.

Fue una tarde de esas en las que uno puede romper en llanto sin ningún motivo. La plaza es un desierto para uno sólo y revisar la fila y el número de asiento sólo es un formalismo, porque se puede sentar donde le venga la gana sin que exista el menor riesgo de que aparezca el propietario del boleto que da derecho a ocupar ese lugar. Una corrida de Navidad con tres humildes de la fiesta anunciados en el cartel, no mueven a nadie. Así está nuestra moribunda fiesta. Mejor dicho, así la han dejado los dueños del negocio.

Sin embargo, como una flor que nace y crece en el pavimento, así brotó el buen toreo. Los toros de Rancho Seco fueron unos señores de seriedad adusta, saltillos y santacolomas, dejaron en Apizaco a sus suavotes hermanos murubes que tanto le gustan a los señoritos de a caballo, para dar vía libre a la bravura de su casta. Por su parte, Fabián Barba,  Antonio Romero y Gerardo Adame se pusieron de acuerdo para ayudar al solecito mustio a que calentara un poco más el ambiente, además, como los toros lo eran sin objeciones, no hubo caricatura dominical y si faenas cargadas de intenciones y voluntades.

Lo malo es que no lo vio casi nadie. A la fiesta de toros mexicana se le pueden colgar muchas frases, por ejemplo, que ya está en las últimas, que vuela tocada de un ala o, mejor, para decirlo en su propia lengua, que ya tiene media estocada en todo lo alto, que falta poco para que le vea las patas a las mulitas.

Una corrida como la del domingo, no interesa a nadie y no tiene la más mínima derivación. ¿Qué hubiera pasado si el voluntarioso y valiente Fabián Barba borda un toro?, ¿si el entregado Antonio Romero se acomoda con el quinto?, ¿si el fino Gerardo Adame consigue hacer una faena de valor incalculable?. Nada, no hubiera pasado nada, porque en el toreo mexicano ya no existe la trascendencia. La corrida se dio con, tal vez, menos de mil asistentes a la grada, los que la vieron por televisión se habrán dormido en sus sillones.

Como un páramo hemos dejado a la fiesta. Hemos sido todos, los empresarios incompetentes que quieren llevarse la pobre bolsa, los ganaderos que se prestan a embustes con tal de ver sus divisas anunciadas en la temporada grande, las figuras que viven de la falsedad y han mandado corromper todo lo que gire en torno al toro, los críticos que inventan atrocidades con tal de justificar a los toreros tramposos y sobre todo, el pasivo público que no exige nada.

La heroicidad de estos tres toreros sólo nos ha servido para darnos cuenta de lo grave que está la fiesta. Con que saña la tratamos, después de recortarle los pitacos, darle vara hasta dejarla desangrándose parada y pinchar y pinchar en hueso, ya casi la matamos. No fue por la resaca que la tarde azul estuvo tan triste, fue por ver que la hemos dejado para el arrastre.