Daniela Díaz de León / Tauropasion
Foto: Especial
Domingo 11 de Septiembre de 2016.- Por fin comenzó la tan ansiada temporada novilleril en la Ciudad de México, y con ella se dieron cita los taurinos para presenciar el primero de estos “duelos taurinos” propuestos por la nueva empresa de la Plaza México.
La nueva modalidad consiste en tres etapas, en la primera se lidiaran novillos sin picadores –cosa nunca antes sucedida en el coso de insurgentes-, para la segunda ya se implementarán los caballos, y finalmente en la tercera etapa actuarán los ganadores de la etapa anterior para así obtener un triunfador máximo.
Este domingo 11 de septiembre inició la primera etapa de las novilladas, donde el objetivo fue que intervinieran dos novilleros mexicanos y dos extranjeros, quienes se presentarían en orden de alternativa y así el triunfador mexicano enfrentaría al extranjero para conseguir al triunfador máximo de la tarde.
En éste encierro inaugural, se presentaron los mexicanos, Juan Pedro Llaguno (Querétaro) y Miguel Aguilar (Aguascalientes), y los españoles, Juan Pedro García Vizcaíno “Calerito” (Sevilla) y Francisco Manuel Ramírez García (Madrid).
A las cinco en punto de la tarde se abrieron las puertas de cuadrillas y sonaron las trompetas, salió el alguacilillo y seguido de él, los novilleros y sus cuadrillas; al finalizar el paseíllo se pidió un minuto de aplausos de los presentes para recordar a los toreros Rodolfo Rodríguez “El Pana” y Víctor Barrio.
Los españoles – cada quien en su respectivo turno- mostraron gran disposición, aunque ninguno tuvo suerte, a pesar de tener algunos muletazos de arte. “Calerito”, por su parte, dio una estocada entera y ligeramente caída, lo que provocó la molestia de la afición y se desataron los pitidos.
En el cuarto novillo de la tarde, Francisco Manuel produjo el descontento en los tendidos, pues al final de la faena dio dos pinchazos y al segundo aviso dejó puesta media espada –suficiente para que el toro doblara-.
Los mexicanos –segundo y tercer turno de la tarde- manifestaron su pasión y entrega ante el toro, a pesar de tener algunas fallas con la muleta.
Llaguno, el primer mexicano en la lidia, proyectó arrojo en los primeros dos tercios, y aunque a momentos mostró inseguridad al arrimarse al toro, en el tercero reparó; no tuvo suerte con la espada y dio una mala estocada, a pesar de ello, en el segundo intento, el toro dobló.
Para el tercero de la tarde, la lluvia hizo de las suyas, cosa que no impidió a Aguilar defender su sitio y demostró en su faena pases de arte, corriendo la mano entre pase y pase, aunque con la espada no tuvo gran suerte, conectó de tal manera con la afición, que se hizo merecedor del primer apéndice de la tarde.
Ya que los extranjeros no destacaron en sus respectivos turnos, los finalistas de la tarde fueron los diestros nacionales, sacaron la casta para defender el coso de insurgentes y torearon los últimos dos. Con novillos bien puestos, demostraron –con ligeros arranques de precipitación- la madera de toreros que tienen y con grandes faenas, los jóvenes novilleros, emocionaron a la afición.
En el quinto novillo, Llaguno realizó derechazos destacables, pero al cambiar por la izquierda perdió la conexión con el astado; finalmente en el tercer tercio, tuvo fallas con la espada, tanto que llegó al segundo aviso; sin embargo fue tan buen ganado que se premió con arrastre lento.
Para cerrar la tarde, el hidrocálido mantuvo al filo del asiento a la afición con tandas sobresalientes de naturales rematados con pases de pecho, haciendo escuchar el grito de “olé” en repetidas ocasiones por la emocionada afición, quienes al calor de los gritos, comenzaron peticiones aisladas de indulto al novillo sin respuesta alguna del juez; el diestro concluyó su participación con poca suerte para matar, ya que intentó dos veces la suerte suprema, sin embargo no fue impedimento para que -con una sola apéndice- fuera el triunfador de la tarde.




















































